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lunes, 20 de marzo de 2017

La tarta de queso de mis 40

Hace mucho mucho tiempo que quería hacer esta tarta, la tarta de queso al estilo del restaurante donostiarra La Viña, pero cada vez que leía la lista de ingredientes (básicamente queso y nata en cantidades industriales) me subía el colesterol y me proponía dejarla para una ocasión muy muy especial. Al final llegó esa fecha, mi 40 cumpleaños, y supe que era ahora o nunca.
No defrauda. Es una tarta crrremosa, sorprendentemente ligera para tal cantidad de lácteo, y no muy dulce si se ajusta la cantidad de azúcar. Está muy vista en blogs, en algunos con explicaciones muy buenas y hasta vídeos que me resultaron muy útiles, pero yo me guié por las explicaciones de El Foro del Pan, que es donde la vi por primera vez. Resumiendo, mi receta fue:

-1 kilo de queso fresco de untar (tipo Philadelphia, yo usé marca blanca)
-1/2 litro de nata de montar
-6 huevos (hay quien pone 5 y hay quien pone 7, según tamaño)
-300 azúcar (la original son 400, yo hice caso al foro)
-1 cucharada de harina (en realidad se me olvidó...)

Estas cantidades son para un molde de 24-26 cm, si es más pequeño es mejor ajustar cantidad porque debe quedar con cierta altura. Se calienta el horno a 200º, se mezclan todos los ingredientes (en mi caso en orden huevos-azúcar-nata-queso-harina) y se echa la mezcla en el molde, que se habrá forrado con papel de hornear sobresaliendo un poco en altura, por si sube demasiado la masa (yo puse 2 hojas). 
Se hornea aproximadamente 45-50 minutos, con aire si el horno lo tiene. Se debe tostar por arriba pero no dejando que se haga en exceso, simplemente que al pinchar con un cuchillo éste salga limpio (pero que la tarta esté temblorosa). Al sacarla se deja enfriar, la tarta bajará. Nosotros la tomamos al día siguiente, estaba con una textura fantástica, incluso podría haberla dejado 5 minutos menos en el horno:
Está muy muy buena, aunque como ya dije, es una tarta para hacer sólo cuando la vas a compartir con mucha gente, especialmente en mi caso y ahora, que estoy proponiéndome reducir un poco el dulce en mi dieta (un poco, no estoy en ésas de mirar al azúcar como si fuera veneno).
No es lo único que he cocinado últimamente, pero es ahora cuando he encontrado un ratito para el blog y no quería olvidarme de la receta tal y como la preparé. Sigo con el propósito de ponerme al día, pero casi siempre tango algo pendiente, así que supongo que asomaré por aquí de vez en cuando, que es algo que echo de menos.

lunes, 21 de marzo de 2016

Serradura

¿Serraqué? Serradura. Un postre portugués para amantes de la galleta y de las recetas fáciles (y que no estén pensando por ahora en la operación bikini).
No me extiendo mucho, porque la receta no es complicada ni tiene una gran historia detrás, que yo sepa. Parece un postre simple y casero, del estilo de las tartas de galleta de cumpleaños, sin embargo cualquiera que conozca medianamente el país vecino sabe que es habitual encontrarlo en los restaurantes familiares. También se ve puntualmente en los de este lado de la frontera, cosas de la cercanía, y sorprendentemente, también... ¡en China! Yo no lo sabía pero es muy popular en Macao, ex-colonia portuguesa; de hecho, cualquiera que curiosee un poco en Instagram se encontrará que muchas de las imágenes de serradura son de allí, muchas más que de Portugal.
El postre no tienen ninguna complicación: se trata de alternar capas de crema y galleta molida, no hay que cocinar ni hacer nada más que dejarlo reposar unas horas o una noche entera. Los ingredientes son:

-1 lata de leche condensada (suelen ser entre 370 y 400 g; yo no usé toda, dejé un poco en la lata)
-1/2 litro de nata para montar bien fría
-1 paquetito de galletas María o las que más nos gusten (no una caja, un "tubo")

Se muelen las galletas en una picadora, o a mano. Se bate bien la nata y se mezcla cuidadosamente con la leche condensada (la cantidad al gusto, según lo dulce que lo queramos). Se cogen unos 8 o 10 vasitos (o copas) y se rellenan alternando capas de galleta y crema, terminando con un poco de galleta para decorar. Se dejan reposar en la nevera unas horas o toda la noche. Y ya está.
Admite variaciones: hay quien usa dulce de leche en vez de leche condensada, quien agrega gelatina y lo hace en un único molde grande, tipo tarta, o quien cambia las galletas por otras de chocolate... a partir de aquí cada uno puede ponerse creativo. 
Es una receta un poco tontorrona, y con la cantidad de postres ricos que tienen los portugueses reconozco que éste no es de mis favoritos; sin embargo a mi madre y a mi cuñado les pierde, así que lo preparamos hace poco para una comida familiar. Fue un éxito. Es una buena receta para sacarte de un apuro, con la única salvedad del tiempo de reposo que necesita. 

Y poco más... de nuevo escribo con prisa y no voy a poder contar mucho más, aunque tengo en la recámara un montón de recetas, nuevos cacharros, experiencias y otras cosas sobre las que escribir. Ahora me falta tiempo para el blog, aunque lo echo mucho de menos. Como ahora paso muchos ratos fuera de casa con J., los últimos meses me he empezado a divertir con el Instagram (ya lo sé, llego tarde) que es más fácil de atender y así aprovecho mis largos paseos y tengo un diario gráfico de esta época. Si alguien quiere curiosear algunas de las cosas que cocino/como, además de otras historias, os espero por allí. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

Arroz con leche en puchero de barro

Arroz con leche estilo abuela, pero de verdad; me ha faltado la cocina de leña, pero eso lo dejo para otro momento.
No tengo una receta canónica, exacta e infalible de arroz con leche, ya me gustaría; además depende mucho del gusto de cada uno, la textura que espera... pero después de prepararlo varias veces, con varios tipos de arroz, en diferentes cocinas, hay cosas que son fijas: un buen arroz con leche necesita muuucho tiempo y muuucho líquido, para que el arroz tenga tiempo de cocinarse y abrirse completamente sin quedar duro ni dejar la leche como un engrudo, hay que tener paciencia para remover sin parar y el azúcar se ha de añadir al final. El resto... se aprende cocinando, no hay fórmula.
A mí me gusta más bien caldosito, como lo hacía mi abuela, y para eso hay dos posibilidades: cocer primero unos minutos el arroz en agua, pasarlo después a la leche ya caliente con las especias y terminarlo ahí (es lo que ella hacía y lo que propone, por ejemplo, Simone Ortega en 1080 Recetas de cocina), o bien empezar directamente a cocerlo en leche y subir la proporción de ésta respecto al arroz. Yo prefiero normalmente la primera forma, aunque alargo bastante la cantidad de leche y el tiempo de cocción respecto a lo del libro mencionado. Esta vez, sin embargo, ya que iba a poner a prueba el puchero y quería una cocción larga, opté por la segunda, empezando a cocinar directamente el arroz en leche. La receta quedaría más o menos así (la primera manera sería parecida, pero con algo menos de leche):
-1,2 litros de leche entera, aprox.
-90-100 g de arroz de grano redondo
-80-100 g de azúcar (depende del gusto, yo prefiero poner poco)
-1 palo de canela
-1 corteza de limón sin la parte blanca
-1 pizquita de nada de sal (opcional)
Se pone a calentar la leche con la canela y el limón, en un recipiente de fondo grueso; cuando empieza a cocer se echa el arroz y la sal y se deja hacer a fuego bajo, removiendo constantemente, unos 45-50 minutos o hasta que el arroz esté bien hecho y coja el punto que queremos, teniendo en cuenta que al enfriar espesará mucho más. Se añade el azúcar, se remueve otros 5 minutos y se vuelca en un recipiente (o en varios cuencos) para dejar enfriar. Se deja reposar. 
Hay quien añade otros aromatizantes (clavo, cáscara de naranja, anís...), quien pone mantequilla, quien requema la superficie con azúcar, y hasta quien echa yema de huevo, como en Portugal, donde lo hacen espeso y contundente. Todas buenas; yo prefiero la más sencilla, que es la que me sabe a mi abuelita.
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En cuanto al puchero, como ya he contado alguna vez, estuve mucho tiempo pensando en comprar una cocotte de hierro; antes de que mi hermana me la regalase por fin, decidí comprar un puchero de barro; al fin y al cabo lo que quería era un cacharro pesado y con mucho fondo y masa para hacer guisotes a fuego lento. Hasta ahora no he encontrado el momento ideal para usarlo, y ya llegó. ¿No es bonito?
Lo compré en mayo, en la Feria de la Cacharrería que se celebra cada año en la plaza de las Comendadoras de Madrid. Me hubiera llevado media feria, al final me contuve y compré el puchero en un puesto de Salvatierra de los Barros (por aquello de hacer gasto a la tierra de una, y porque me parecieron de los más bonitos y finos) y un plato muy sencillo; en total no me gasté más de 20 euros. Me preocupaba poder usarlo en mi vieja cocina eléctrica, pero en varios puestos del mercado me aseguraron que no había problema siempre que lo usara con potencia moderada.
Había pensado esperar a que pasara el verano y así estrenarlo con un guisote o un potaje; por unas cosas o por otras, desde que llegó el frío no encontraba el momento, cuando me ponía a hacer el guiso siempre se me olvidaba que antes de usarlo por primera vez hay que curar el puchero: esto es, dejarlo en remojo durante una noche entera y luego dejarlo secar, antes de meterlo por primera vez en el horno o en el fuego. Así lo recomienda, por ejemplo, un alfarero de Pereruela en este vídeo
Al final el día que lo curé lo que me apetecía era hacer arroz con leche y no me pareció mala idea. Empecé poniéndolo sobre el fuego apagado con la leche fría y en ese momento lo encendí, primero flojo y después subiendo un poco, dejando que se calentara lentamente; tardó mucho, entre otras cosas porque aún tenía bastante humedad en el barro. El resto... fue paciencia y remover mucho. Como le decía a mi hermana, no es un cacharro pensado para los apasionados de la olla exprés o a los que les preocupa el gasto eléctrico, porque es verdad que tarda en coger calor y la cocción se prolonga mucho. Yo misma no creo que lo use con demasiada frecuencia, porque normalmente hago poca cantidad y no merecería la pena, pero debe ser ideal para el cocido o ciertos guisos de carne. Ya lo contaré.
Lo próximo será también probarlo en el horno. Si le cojo el gusto, quizás el año que viene vaya a por una de las ollas bajitas, para arroces. Aunque con gusto me los llevaría todos.

jueves, 1 de mayo de 2014

Fresas con leche (casi como en el verano de mi infancia)

Obviamente no escribo esto para colgar la receta de las fresas con leche; sólo se trata de mezclar fresas, leche y azúcar. Lo difícil, claro, es que sepan como las que hacía la abuela en verano, en La Antilla (Huelva), con fresas de la zona que se quedaban enfriando en la nevera hasta que la leche se empapaba completamente de su color y sabor; ya se sabe que es prácticamente imposible replicar los sabores que se recuerdan de la infancia.
Sin embargo las de hoy me han recordado un poquito. La gran diferencia es que las fresas estén en el punto exacto de madurez; el resto lo hace un poco de reposo. Se pueden hacer muchas cosas con las fresas, pero yo creo que si son buenas la preparación más sencilla es la mejor, como pasa con un buen tomate.
Lo bueno de tener fresas en el huerto es que te puedes permitir cogerlas en el momento perfecto, ya dije que sólo por ellas ya merece la pena tenerlo. La verdad es que a mí me gustan cuando están casi al borde de pasarse, y sobre todo comerlas recién cogidas y todavía templadas de haber estado al sol: habrá quien no se lo crea, pero a mí me parece que un par de horas después ya no saben igual. 
El color da la pista para saber las que ya están en su punto: las tres de la foto son preciosas, pero la de abajo es la más rica. Están mejor cuando ya no hay blanco alrededor de las hojitas, el rojo se hace más oscuro y las semillas ennegrecen; al cortarlas o morderlas ya no están del todo tersas, han empezado a ablandarse ligeramente. Ese es el momento preciso. 
A veces las dejas para esperar que cojan el punto, y al día siguiente esas fresas ya han recibido algún mordisco de los bichitos que hay en el huerto, que eligen precisamente ésas; no puedes enfadarte, hay que comprender que quieran compartir algo así.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Tarta de pera y almendra

Cada vez tengo menos tiempo para atender el blog, muy a mi pesar pues es algo que me encanta. Tampoco he innovado mucho últimamente, aunque sí he cocinado bastante, hemos ido mucho al mercado y hemos disfrutado viendo cómo empiezan a cambiar y empiezan a asomar las uvas, las calabazas y los productos de otoño.
Con el otoño precisamente llega el cumpleaños de M.A., y entre otras cosas preparé esta tarta de peras con masa de almendras. La idea inicial era hacer una tarta clásica de peras y frangipane (como ésta), que es muy parecida pero lleva una base de masa quebrada y algo menos de relleno; como yo no planeo bien en estas ocasiones, me tuve que apañar con lo que tenía en casa y con el poco tiempo que tenía para usar el horno entre un plato y otro, opté por esta versión más sencilla.
La idea de la receta es muy simple: una masa de almendra molida, muy parecida a la de una tarta de Santiago, en la que se colocan unas peras maduras o ligeramente cocinadas. Yo las cocí levemente en un almíbar aromatizado con vino blanco y especias, aunque como el tiempo de cocción es muy corto el sabor que deja en la fruta es muy suave, quizás demasiado. En resumen, la receta lleva:

Para las peras:
-3 peras (yo usé conferencia, vale cualquiera que sirva para cocer)
-2 tazas de agua
-1 taza de vino blanco (uno que te beberías, no uno malo)
-3/4 tazas de azúcar
-canela, anís estrellado o las especias que nos gusten

Para la masa:
-4 huevos (en mi caso medianos)
-225 g de almendra molida
-225 g de azúcar
-ralladura de limón
-1 cucharadita de levadura química
-3 o 4 cucharadas de harina de repostería
-2 o 3 cucharadas de mantequilla (opcional, pero le viene muy bien)
-un pellizco de sal
-canela molida,, u otra especia al gusto

-mantequilla para el molde
-azúcar en polvo para decorar

En un cazo no muy ancho (lo suficiente para que quepa la fruta) se pone a cocer el agua, el vino, el azúcar y las especias. Se deja hervir unos 5 minutos, añadimos las peras enteras o en mitades, se baja el fuego al mínimo y se dejan unos 6 minutos (si son mitades) o algo más (unos 8 minutos) si son enteras. Es mejor quedarnos cortos que pasarnos, porque si no se deshacen después en la tarta. Las sacamos del almíbar y se deja reducir éste hasta formar un caramelo clarito, que podemos usar para acompañar la tarta.
Por otro lado, se mezclan la almendra, la levadura, la sal, la ralladura, las especias y la mantequilla (si la usamos) hasta que formen unas migas. Por otro se baten los huevos con el azúcar hasta que queden muy espumosos. Se juntan ambas mezclas y se baten ligeramente, sólo para integrarlas. Se añade un poco de harina tamizada hasta espesarla un poco, para que tenga una consistencia que evite que las peras se vayan al fondo del molde.
Se engrasa un molde redondo (de unos 22-24 cm) con mantequilla y harina. Se vierte la masa y sobre ella se echan muy suavemente las peras cortadas en mitades o cuartos (yo puse cuartos para que no pesaran tanto y hubiera fruta en cada trozo). Se horne a horno medio-bajo durante 40 o 45 minutos, hasta que cuaje la masa y se dore ligeramente.
Se deja enfriar y se decora con azúcar en polvo. Se sirve con el caramelo del almíbar, nata, helado, o a secas.
Estaba muy rica, más de lo que yo esperaba, y está aún mejor al día siguiente, cuando la masa se empapa un poquito de la humedad de la fruta. La única cosa que le cambiaría es que quizás especiaría algo más las peras, porque como tienen un sabor tan suave las almendras le quitan protagonismo, pero salvo por eso es una receta estupenda. El del cumpleaños así lo ha dicho, aunque es verdad que el del cumpleaños es un chico fácil :)

lunes, 27 de mayo de 2013

Galette de manzana

Una tarta de manzana bastante fácil y muy rica. Es totalmente cierto eso que dicen sobre evitar hacer experimentos reposteros cuando vas a llevar el postre para una comida, pero esta vez me arriesgué y por una vez salió bien. 
Se trata de una base de masa de galleta rellena con manzana (no lleva crema, ni nada más) y plegada en los bordes. La única complicación de la receta es conseguir el punto de la masa para que sea fácil extenderla sin que se rompa, pero como es una tarta un poco rústica tampoco pasa nada. A mí me quedó blanda de más y no fui capaz de extenderla lo suficiente, y además no hice un relleno extendido, así que quedó una tarta pequeñita pero buena, muy crujiente por fuera y con la manzana jugosa.
La receta que seguí, para variar, es una mezcla de varias que fui leyendo, básicamente las de Smitten KitchenTest 4 the Best y L'Exquisit. Al final, la que yo preparé fue así:

Para la masa
-140 g de harina (mezcla de harina floja y un poco de integral)
-70-80 g de mantequilla
-1 pellizco de sal
-ralladura de limón
-2 cucharadas de azúcar
-agua muy fría, 3 o 4 cucharadas
-opcional: 1 huevo, también frío

Para el relleno
-3 manzanas (en mi caso reinetas)
-zumo de 1/2 limón
-unos 50-60 g de azúcar (mezcla de blanco y moreno, en mi caso)
-1 cucharadita de canela
-1 cucharada de maicena
Para acabar, unas almendras fileteadas o picadas

Primero se prepara la masa: se puede hacer con o sin huevo, la masa en general se hace sólo con mantequilla y agua fría como líquidos pero como yo iba a abrir el huevo para pintar el borde añadí una parte a la masa. Se empieza mezclando los ingredientes secos (harina, azúcar, ralladura y sal) con la mantequilla fría cortada en daditos. Tiene que quedar como unas migas. Se agrega entonces el líquido (huevo y/o agua) poco a poco, sólo lo suficiente para formar una masa con la que podamos hacer una bola que no se desmigue, amasando lo mínimo posible. La envolvemos en papel film y la enfriamos una hora.
Precalentamos el horno a 180º-200º. Pelamos las manzanas (reservamos las pieles), las cortamos al gusto (en rodajas finas o en gajitos) y las mezclamos con al zumo, el azúcar, la canela y la maicena. Extendemos la masa con cuidado en una superficie enharinada, formando un círculo; si se pega al rodillo se pueden usar hojas de papel de horno. Repartimos la mezcla de fruta sobre la masa, bien haciendo una capa fina y formando un dibujo con la fruta o en plan rústico. Doblamos el borde, sellando los pliegues con los dedos. Si la masa es frágil y se rompe se puede "reparar" mojando las manos en agua. 
Si queremos un acabado brillante pintamos con el huevo que haya sobrado y espolvoreamos las almendras si las hemos usado; también podemos pintarla con mantequilla derretida, o sin  nada; se hornea unos 30-40 minutos o hasta que haya cogido un bonito color dorado.
Mientras se hornea se cuecen las pieles y corazones de manzana con un poco de agua y azúcar hasta hacer una especie de almíbar con el que pintaremos la fruta al sacar la tarta del horno, esto le da un acabado brillante y evita que se reseque; también se puede hacer diluyendo un poco de mermelada con agua. 
Se deja enfriar, y se sirve.

La receta escrita es larga pero la preparación es bastante sencilla, dado que no hay que preparar cremas ni elaborar demasiado ningún producto. También se puede hacer con otras frutas (en verano con fruta de hueso, o añadiendo fresas o frambuesas con la manzana, etc.) y, si no ponemos azúcar en la masa, con ingredientes salados; también, hacer tartas individuales... En internet hay un montón de recetas estupendas para experimentar, seguro que alguna cae pronto por aquí.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Coffee jelly

El coffee jelly es un postre típico de Japón (sí, es sorprendente, yo ni sospechaba que a los japoneses les gustara el café).
Es bastante sencillo, básicamente una gelatina de café fuerte que se sirve con nata líquida o batida, o leche condensada. El truco es llegar a la consistencia adecuada: en mi caso, el primer intento salió mal porque usé la cantidad de gelatina que recomendaba el paquete y quedó demasiado sólido, así que reduje la cantidad casi a la mitad. Cada marca es diferente, así que hay que ajustar las cantidades al gusto. Por otro lado, se puede usar café fuerte hecho en casa, pero mi amiga S., japonesa, me dijo que era común hacerlo con café instantáneo,  así que esta vez le hice caso. Yo usé, para 4 vasitos:
-1/2 l. de agua
-2 cucharadas colmadas de café instantáneo (nosotros compramos el de La Mexicana). 
-3-4 cucharadas de azúcar (ajustar al gusto)
-4 hojas de gelatina
-nata o leche condensada
Se ponen a remojar las hojas de gelatina. En un cazo calentamos el agua, y cuando rompe a hervir apartamos del fuego y añadimos el azúcar y el café,  probando para ajustar el punto dulce. Cuando están disueltos añadimos las hojas de gelatina hidratadas, removemos hasta que están bien disueltas y repartimos en vasitos o cuencos (mejor si son anchos, para que la capa de gelatina no sea muy gruesa). Cuando se han enfriado un poco los metemos en la nevera, y dejamos varias horas hasta que cuajen bien. Servimos con un poco de nata líquida o un poco batida.
Si los vamos a hacer para niños o gente que no puede tomar cafeína, lo podemos hacer con descafeinado; y los vegetarianos lo pueden preparar con agar-agar en vez de gelatina, aunque en ese caso no sé cuál sería la cantidad adecuada. 
Oishii (*)

viernes, 4 de mayo de 2012

Granizado de naranja sanguina

Otra receta que no pude evitar: ya sé que los días aún son muy grises para que apetezca del todo, pero ya se pasa la temporada de los cítricos y aproveché que últimamente se han visto con frecuencia las naranjas sanguinas en las fruterías del barrio para preparar un granizado con ellas:
Es la cosa más fácil del mundo, si nos conformamos con esta sencilla versión un poco rústica. En internet hay miles de recetas de sorbetes, granizados y granitas de zumos de frutas, muchas usan clara de huevo, gelatina u otros ingredientes para conseguir mejores texturas, o heladeras... yo tiré por el camino fácil. Para 2 personas usé:

-el zumo de 6 naranjas sanguinas (o de naranjas normales)
-5-6 cucharaditas rasas de azúcar (esto, al gusto)
-un poquito de agua
-si queremos, algún toque de licor

Podemos mezclar el zumo con el azúcar y poner a congelar, sin más. Yo decidí hacer una especie de jarabe o almíbar con el azúcar para que se disolviera mejor, simplemente hirviéndolo en un cacito con un poco de agua y dejándolo reducir (en algunas recetas lo hacen calentando el zumo, pero yo no quise hacerlo y por eso usé agua). 
Dejamos enfriar el almíbar, lo mezclamos con el zumo y lo ponemos en un recipiente en el congelador. Cuanto más plano, menos tardará en congelar. Después hay que sacarlo del congelador cada 2-3 horas más o menos para removerlo con un tenedor y que no se formen cristales grandes, pero de cualquier manera estará bueno.
Éstas son las naranjas, para quien no las haya visto nunca; yo las vi por primera vez en el viaje a Sicilia que hicimos hace un par de años, pero todavía me sorprende su aspecto al abrirlas. La verdad es que están buenas, y sobre todo el zumo tiene un color increíble: 
Me tomo mi vasito de granizado mientras pienso qué cocinar para mañana: son las fiestas del 2 de mayo, y en Malasaña se celebran las fiestas vecinales con un montón de actividades. Mañana, si el tiempo lo permite, comida popular "del traje" (yo traje croquetas, yo traje cebiche...), en la que cada uno aporta alguna cosita. Os dejo el link con el programa y el precioso cartel de la ilustradora Ivanna Candelier:

martes, 13 de marzo de 2012

Mejor que un dalky (y con nata de verdad)

Se empieza haciendo yogures y pan y se acaba preparando versiones caseras de las cosas más variopintas...
Cuando una se va haciendo mayor va perdiendo el gusto por algunas de las cosas que te gustaban de pequeña, sobre todo si, como yo, te lees tooodos los ingredientes de cada cosa... acabas por cogerle asco a muchas de ellas. El festival de grasas hidrogenadas que suelen ser la mayor parte de bollos, galletas y postres que se venden actualmente le quitan a una las ganas de comprar nada: recuerdo un día en el que estaba fuera de casa haciendo recados y me dieron unas ganas locas de algo dulce, moría por algo chocolatoso, con azúcar... entré en un supermercado, y después de leer los ingredientes de varias cosas... salí... con un par de plátanos de Canarias; no fui capaz de comprarme nada más.
Afortunadamente no me pasa siempre, ni con todo: soy demasiado golosa para andar con tantos remilgos, y por supuesto que de vez en cuando cae alguna gochada; pero cuando tengo tiempo las preparo en casa, o intento comprar repostería más tradicional (como la que traigo muchas veces de Badajoz, o al menos que no lleven grasa de palma...).
Hoy me apetecía este postre, del que hay muchas versiones en internet: algunas usan huevo, también hay una para thermomix... la mía es de las más simplonas, básicamente unas natillas espesas de chocolate con nata batida por encima. Para 4 vasitos he usado:
-1/2 litro de leche (yo he usado semidesnatada)
-2 cucharadas de cacao en polvo
-4 cucharadas no muy llenas de azúcar
-3 cucharaditas de maizena (la normal, no la instantánea)
-1 paquetito de nata fresca para montar, que esté muy fría
-una cucharadita o dos de azúcar glass para la nata
Las natillas se pueden preparar también con los típicos sobrecitos para hacer flanes (que son, básicamente, maizena con aromatizantes), usando medio sobrecito. Se pone a calentar la leche con el azúcar y el cacao, reservando una parte para disolver la maizena que se añade cuando rompe a hervir. Se deja cocer apenas un minuto removiendo constantemente y se vierte en 4 vasitos. Cuando se enfría se mete en la nevera y se deja allí unas horas. Si no nos gusta que forme la capita de arriba podemos dejar enfriar todo en un único recipiente mayor y cubrir con film, o retirar esa capa y después repartir.
Al ir a servir se monta bien la nata con azúcar al gusto, que quede muy firme (yo me quedé corta, me daba miedo volver a hacer mantequilla...); se pone por encima de cada vasito, con una manga pastelera o a cucharadas, y se sirve. Si nos ponemos creativos se pueden añadir avellanas picadas, pistachos o lo que se nos ocurra.
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Una de las cosas buenas de hacerlo en casa es prepararlo con un buen cacao y una buena nata; mi hermana y yo hablamos mucho de esto, porque hemos notado que no sólo es prácticamente imposible encontrar en las tiendas nata que no sea UHT sino que además es igualmente difícil comprar una que no lleve espesantes y otros ingredientes. Lo que ya nos parece el colmo es lo de la "nata vegetal", tan frecuente en la pastelería últimamente (puaj); entiendo que guste a los que no toman lácteos por cualquier motivo, pero la verdad es que a mí me parece una guarrería: aún recuerdo con horror un café irlandés preparado con esa plasta que no se disolvía ni a tiros, o peor aún, la invasión de roscones de relleno indestructible... Nah, que vivan las grasas animales.
Yo tengo suerte y no sólo puedo comprar cerca de casa nata pasteurizada, sino que además es de aquí cerca. (Ingredientes: nata... y ya):
Una rica manera de celebrar que mis últimos análisis de colesterol están ok... (por si alguien estaba preocupado, con tanta patatera y tantas otras cosas).
Y como está bien aclarar estas cosas, quería decir que pongo la foto sólo porque me gusta esta nata, que no me han pagado ni regalado nada... pero es que cuando algo está bueno hay que decirlo, ¿no? :)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Tiramisú

El tiramisú, según la receta de mi amiga L., que a su vez aprendió en Italia de una amiga de allá. Me gustó tanto la primera vez que lo hice que nunca la he variado. Es una receta bien sencilla, que sólo necesita buenos ingredientes y una pizca de cuidado para tener un postre de lujo. Esta vez, en vasitos individuales.
El postre estará mejor el día después, así que si es para una ocasión especial conviene prepararlo el día antes. Se necesita (para 8 vasitos pequeños, o para una bandeja, con una única capa de tiramisú. Se pueden doblar las cantidades si queremos más, o si lo queremos de 2 capas):
-1 tarrina de mascarpone de 250 gr. -3 huevos, no muy grandes, frescos y limpios -3-4 cucharadas de azúcar, según nos guste más o menos dulce -1 vaso grande de café fuerte, recién hecho -bizcochos "savoiardi" o soletillas (aproximadamente 16-18) -opcional: licor de café, u otro al gusto (yo nunca pongo) -cacao en polvo
Se prepara el café y, cuando aun está templado, se le añade una pizca de licor (si se quiere), se mojan bien los bizcochos en él y se van poniendo en el fondo de los vasitos o bandeja. Deben quedar bien empapados y blanditos, pero sin deshacerse. Por otro lado, se separan las yemas de las claras; las yemas de baten bien con el azúcar y, luego, se mezclan bien con el mascarpone hasta que quede una crema homogénea. Las claras se baten a punto de nieve y se unen a la mezcla anterior con mucho cuidado y movimientos lentos de abajo arriba, para que no pierdan el aire. Se pone esta crema sobre los bizcochos empapados, se espolvorea bien con el cacao y se mete en la nevera, tapado, para que gane consistencia.
Si se quiere de 2 capas (creo que es como se prepara tradicionalmente) se repite la operación, con cuidado de que la segunda capa de bizcochos no aplaste demasiado la crema.
En casa el momento favorito es el de rebañar el bol de la crema, al terminar de prepararlo, casi un ritual. Qué rico. Totalmente de acuerdo con el entrañable personaje del padre (Héctor Alterio) en la peli El hijo de la novia cuando discute con su hijo y dice algo así como que, para que sea tiramisú, tiene que ser CON mascarpone. Por eso (ya sé, ya sé, soy un poco pejiguera) me cabrea tanto cuando voy a un restaurante italiano "de los buenos" y me cobran 5 o 6 euros por un tiramisú hecho con otra cosa. Y por eso también da tanto gusto cuando te sirven uno bueno: de los mejores que he probado, el de la Tavernetta siciliana, en la calle Orellana.

sábado, 8 de mayo de 2010

Tarta de chocolate y mascarpone

Sólo apto para golosos profesionales. Menos mal que es para llevarla a una fiesta, y no para que se quede aquí en casa, o mi salud peligraría:
Siempre que tengo una celebración y quiero llevar un postre me propongo innovar y experimentar con una nueva receta, pero tras un par de fracasos decidí que no era una buena idea y casi siempre recurro al socorrido pastel de chocolate, que incluso cuando sale mal está bueno. Eso sí, hoy me apetecía variar la receta y decidí añadir mascarpone en vez de mantequilla, y ha salido espectacular. Se necesita:
-1 tarrina de mascarpone (200-250 gr.)
-3 huevos
-100 gr. de azúcar
-100 gr. de chocolate negro (>70% cacao)
-75 gr. de harina para repostería, aproximadamente, tamizada
-1,5 cucharadita de levadura química
-1 cucharada rasa de mantequilla
-opcional: almendras picadas u otro fruto seco
Se pone a derretir al baño maría el chocolate troceado con la mantequilla; mientras tanto, batimos bien el azúcar con los huevos y, después, con el mascarpone. Añadimos a esta mezcla el chocolate ya derretido (con cuidado de que no esté muy caliente para que no cuaje el huevo). Por último agregamos, mezcladas, la harina y la levadura batiendo muy suavemente y sólo lo necesario para incorporarla bien, sin agitar demasiado la masa. Ponemos la mezcla en un molde engrasado o forrado con papel de hornear, y cocemos en el horno a 180º-200º sólo unos 20 o 25 minutos (mejor que quede un poco crudo por dentro que demasiado cocido, pues se secaría).

Podemos reservar parte del chocolate y picarlo para que el pastel tenga trocitos, o echar frutos secos (yo puse unas poquitas almendras picadas que tenía, pero pueden ser nueces, avellanas...).

sábado, 17 de abril de 2010

Manzanas asadas con mezcla de 5 especias

La manzana asada es uno de esos platos que en cada casa se preparan de una manera diferente, hoy cuento la mía pero con una variación, y es que en vez de poner sólo canela he puesto más especias:
En concreto, he puesto la mezcla de cinco especias chinas, o al menos una de sus variantes, porque he encontrado varias recetas. Lo que parece básico es el anís estrellado, la canela y el clavo, y la que yo he preparado lleva además pimienta y semillas de hinojo, pero he visto que en otras recetas se usa jengibre, nuez moscada, o cassia (canela china). Esta mezcla se usa para sazonar sobre todo platos de carne, pero cuando yo la preparé en casa me encantó el olor y me pareció muy apropiado para dulces, asi que hoy se lo he puesto a estas manzanas. Para eso hay que dejarlas bien molidas, y nos hará falta un molinillo o algo así, ya que con el mortero es muy difícil moler bien la canela; lo digo con conocimiento de causa :)
La preparación es fácil: se limpian bien las manzanas (reinetas, por ejemplo), se les corta una "tapa" y se vacía un poco el centro, pero sin llegar al fondo de la manzana. En ese hueco se pone una cucharadita de azúcar y un pellizco generoso de especias molidas, se coloca de nuevo la tapa de las manzanas y se ponen en una fuente con un poquito de agua en el fondo. Se asan a unos 180º o 200º grados durante aproximadamente 30-35 minutos, o hasta que estén hechas al gusto.

martes, 29 de diciembre de 2009

Crumble de manzana con crema de mascarpone

Cuánto tiempo sin publicar nada, ya tenía ganas... vuelvo con una receta realmente fácil pero que queda espectacular: si alguna vez queréis impresionar a alguien con un postre fácil, ésta es la receta.
Para el crumble de manzana se necesita, por persona: -1 manzana reineta -1 cucharadita de mantequilla -1 cucharada de harina -1 cucharadita de azúcar, o al gusto -canela en polvo
Pelamos la manzana y la cortamos en gajos pequeños. Espolvoreamos con canela y (si queremos) con un poquito de azúcar y horneamos unos 10-15 minutos a 180º (o 2 minutos en el microondas). Tiene que empezar a cocinarse, pero quedando aún un poquito consistente. Mientras tanto mezclamos con las manos la mantequilla, la harina y el resto del azúcar hasta formar migas. Cubrimos la manzana con la mezcla y la ponemos al horno otros 20 minutos aproximadamente o hasta que se empiece a dorar la costra (se puede dar al final un golpe de grill para dorar la superficie si hiciera falta). Servimos con una cucharada de mascarpone batido, o bien helado, nata, yogur, etc.
Hay muchas maneras de hacer un crumble. A mí me gusta que sea sólo una ligera costra crujiente sobre la fruta, y que ésta predomine y quede un poquito entera, sin deshacerse del todo, pero se puede hacer de muchos modos y con muchos ingredientes, también salados (¡con tomates!). También se puede añadir frutos secos a la mezcla de la superficie, y es un buen modo de reciclar o renovar, por ejemplo, unas manzanas asadas.
¡Feliz 2010!