viernes, 21 de agosto de 2015

Pollo en escabeche

Mi receta no es diferente, ni mejor, que las muchas que ya hay en internet... pero quedó tan rico, y hace tanto que no publico nada, que quise que estuviera en el blog.
La receta es parecida, aunque no igual, a ésta de Martín Berasategui. La diferencia es que yo usé contramuslos, que no puse apio y que lleva laurel en lugar de tomillo (vamos, que lo hice como me dio la gana; de hecho, primero lo hice y luego ya miré la receta con atención). El resto, más o menos.
Es una receta de ésas que haces de un día para otro y mejor en gran cantidad, para guardar un poco en el congelador y llevarte una alegría semanas después cuando recuerdas que está ahí.
Y no puedo contar mucho más. Me encantaría extenderme sobre esta nueva etapa de mi vida y las novedades que descubrimos cada día, pero apenas tengo tiempo, la verdad. Soy una madre desastre. Tengo la casa hecha un lío, mil llamadas pendientes, un libro a medias desde hace semanas... pero a cambio duermo (dormimos) bien, comemos bastante mejor de lo que cabía esperar, y todos los días hay muchas risas. En eso se va casi todo mi tiempo.

miércoles, 10 de junio de 2015

La tortilla de mi madre es ahora la tortilla de la abuela

Últimamente he tenido poco tiempo para cocinar. Eso no importa demasiado cuando tienes a tu madre cerca.
Pero ahora mi madre no es sólo mi madre: desde hace algo más de tres meses (los que llevo sin publicar) es también la abuela de J. Y mi abuela ahora es la bisa de J. Pese a que se llevan 100 años de diferencia, parece que las dos se llevan bien:
Mi abuela enseñó a cocinar a mi madre y ellas dos nos enseñaron (y nos siguen enseñando) a mi hermana y a mí. En unos años espero que a J. le guste asomarse a los pucheros y aprenda a hacer la tortilla, las albóndigas o las lentejas como se hacen en casa. 
Yo, por otro lado, ahora que soy madre espero cocinar como una de ellas, e ir recuperando un poquito de tiempo para publicar algo de lo poco que cocino. Si no lo consigo, disculpadme; es por la mejor de las razones.

viernes, 20 de febrero de 2015

Ensalada de patata y puerro

Una ensalada de patata, pero invernal; en casa siempre que hablamos de hacer ensalada de patatas nos referimos a la ensalada campera o a la ensaladilla, pero dado que a mí me ha dado por los pepinillos últimamente, hemos variado un poco. Está tan rica que creo que se va a quedar como una receta fija.
Para 2 personas he utilizado:
-4 patatas (pequeñas si son primer plato, medianas si plato único)
-1 lata de filetes de caballa
-puerro (un trozo de unos 5 dedos de longitud aprox)
-pepinillos picados (al gusto, yo he puesto unos 8 o 10, pequeños)
-2 cucharadas de perejil fresco recién picado
-sal, pimienta negra, aceite de oliva, vinagre
-mayonesa (opcional)
Las patatas se cuecen con antelación, incluso el día antes. Yo las pongo lavadas y sin pelar en agua fría con mucha sal. Una vez que rompe el hervor las dejo a fuego medio-bajo hasta que están hechas (una media hora, aunque pruebo pinchando con un cuchillo) y una vez cocidas las dejo enfriar completamente. Así quedan con una textura estupenda, blanditas pero sin deshacerse.
El resto es simple: se pican los demás ingredientes, se mezclan con las patatas cortadas y se aliña. Si vamos a poner mayonesa se pueden mezclar con ella el perejil, el puerro y los pepinillos y echar sobre las patatas y el pescado, pero todo esto da un poco igual. MA, que últimamente no deja un plato mío sin tunear, le ha puesto, además, alcaparras y mostaza; a mí ya se me pasaba de avinagrado.
(No es que la ración sea pequeña, es que el plato era muy grande...)
Admite todas las variaciones que uno quiera: poner cebollino o eneldo en lugar de perejil, cambiar el pescado... pero os recomiendo probarla tal cual. Si a alguno le asusta lo del puerro en crudo, que no tema: yo también pensaba que estaba poniendo mucho pero luego con el aliño se suaviza mucho, de hecho le hubiera puesto bastante más. Si aún tenéis dudas, pasad por Ferpal, en el centro de Madrid, y pedid un sándwich de puerro, se os quitarán todos los reparos.

martes, 3 de febrero de 2015

Panecillos de leche y arroz

Primera receta que cuelgo este año, parece mentira... y no será por ganas o por platos cocinados, que han sido muchos, pero últimamente estamos a otras cosas.
Ésta es una variación del pan de arroz de Dan Lepard, que ya preparé hace tiempo y se ha convertido en un habitual para aprovechar restos de arroz blanco.
La receta se puede adaptar a la cantidad de arroz que nos haya sobrado, en mi caso un cuenco mediano (no lo pesé). Como se había quedado un poco seco, usé un truco: calentar la leche que iba a emplear como líquido y meter el arroz en ella, para que se hinchase un poco. El resultado es estupendo, los granos de arroz quedaron tan blanditos que no los notas en el mordisco, pero dan a la miga una textura estupenda para un pan de desayuno. Para unos 10 bollitos usé:
-400 de harina panificable (yo usé Tradicional Zamorana + Gallo, W>200)
-280 g de leche, aproximadamente (eché 250 y ajusté después)
-3 g de levadura fresca (se puede usar más si queremos que vaya rápido)
-1 cucharadita de sal
-1 cucharada de azúcar moreno oscuro (no tenía miel, que es lo suyo)
-1 cuenco de arroz cocido
Se mezclan todos los ingredientes excepto el arroz, y se amasa a intervalos con reposos hasta que esté suave. Se añade el arroz hasta que se integre bien, se hace una bola y se deja fermentar hasta que aumente su tamaño casi el doble (yo la dejé unas horas en la nevera). Se cortan porciones de masa de unos 75-80 g o al gusto, se bolean y se dejan fermentar de nuevo, tapados, esta vez dejando que doblen sobradamente su tamaño. Se hornean unos 15 minutos a 200º, o hasta que estén ligeramente dorados. Se pueden pintar con leche antes de hornear, o dejar tal cual.
Y quedan así. Son estupendos también para hamburguesas o bocadilllos, y se puede usar la misma masa para hacer bollos alargados, tipo perrito, o lo que queramos.
Con este frío no da tanto reparo encender el horno, pero cuando lo hago intento hornear varios panes o varias cosas a la vez, para aprovechar el gasto. Esta vez cayó una gran tanda de galletas, hechas con mi receta de cabecera pero con variaciones: básicamente, sustituí una parte de harina por copos de avena triturados y algo de salvado. Sé que suena demasiado sano pero en el resultado final lo único que se nota es una textura más crujiente, el sabor es estupendo (y no lo digo yo, lo dice MA que hasta hace poco detestaba cualquier cosa que sonara a integral).
Yo las hago finitas, tipo galleta María, pero se pueden hacer más gruesas. Si se tiene el día gocho, se puede preparar una crema espesa de chocolate y juntarlas de dos en dos, o con mermelada... la merienda perfecta para días fríos como los que vienen.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Bollos suizos (con masa madre): para muchos desayunos felices

Tenía muchas recetas pendientes con las que me proponía despedir el año en el blog; al final estos últimos días del año han estado llenos de catarros y otros imprevistos y muchas de esas recetas tendrán que esperar. 
No pasa nada; cuando surgen estos imprevistos es cuando una agradece tener una madre y, también, un congelador lleno de esos pequeños tesoros: una tartera con un guiso o unas lentejas, pan casero... o unos bollos suizos para un desayuno inesperado. No los había publicado, y me ha parecido una buena manera de despedir el 2014: deseando muchos felices desayunos para el año que llega. 
Ya tenía una receta de bollos suizos en el blog, que funciona bastante bien; ésta la preparé hace unas dos semanas y se basa en la primera, pero tiene algunas pequeñas variaciones que hice para ir ensayando para el roscón, así que se puede decir que está a medio camino entre ambos: lo que hice fue incorporar un poco de masa madre, añadir cáscara de naranja y subir un poco la cantidad de azúcar. Al final la receta quedó más o menos así (para unos 10 bollos):

-100 g de masa madre refrescada con leche y harina a partes iguales
-350 g de harina de fuerza (en mi caso, Tradicional Zamorana)
-aprox. 80 g de azúcar (o más si lo queremos más dulce), y algo más para decorar
-1 pellizco generoso de sal
-ralladura de 1 naranja
-2 huevos
-50 g de leche entera, y algo más para ajustar la consistencia
-6 g de levadura fresca
-80 g de mantequilla
-1 cucharadita o cucharada de agua de azahar (al gusto)
Se baten los huevos y se reserva un poco para pincelar los bollos. Mezclé y amasé todo salvo el azúcar y la mantequilla, que agregué cuando la masa ya estaba bastante suave; yo lo hice con amasadora, que en este caso resulta bastante útil, pero con paciencia y un bol grande se puede hacer a mano. Una vez integrado todo, hice una bola y la dejé levar en un bol hasta que aumentó un poco el volumen (no hace falta dejar doblar porque el segundo levado lo quería forzar un poco). 
Dividí la masa en porciones de unos 75-80 g, desgasé y formé bolitas, bastante tensas. Las dejé reposar unos minutos para que se relajara la masa. Entonces las "estiré" un poco haciéndolas rodar con la mano sobre la encimera para que cogieran forma alargada, las pinté con huevo batido y las dejé fermentar tapadas hasta que habían aumentado bastante de tamaño, más del doble.
Se vuelven a pintar con huevo, se echa un poco de azúcar encima y se hornean a 200º unos 15 minutos o hasta que están dorados. Se dejan enfriar totalmente antes de comerlos, pues cuando están calientes aún tienen un cierto olor a la masa madre que después desaparece totalmente.
El truco de forzar la segunda fermentación es estupendo, es la diferencia entre una miga rica pero densa y una muuy esponjosa; es un truco que vale para casi cualquier bollo, así quedan realmente blanditos, aunque hay que tener cuidado para que no se pasen de fermentación, de ahí lo de acortar la primera.
Para esta prueba hice bollos en lugar de hacer directamente un roscón; los bollos se pueden congelar enteros una vez que están fríos y aguantan muy bien. Se dejan descongelar entre 1 y 2 horas a temperatura ambiente y están como recién hechos, así que merece la pena hacer una buena tanda.
Lo mejor es cuando te olvidas de que están ahí y un día te acuerdas de ellos, sacas un par, preparas un chocolate... y tienes el desayuno o merienda perfectos. Espero que en el año que llega haya muchos de éstos para todos, y siempre mejor en buena compañía.