Un pan para muchas cosas: una de ellas, aprender a entenderme de una vez por todas con el horno de mi madre: es curioso que con mi horno de Madrid, que es prácticamente una caja de zapatos con resistencia, haya conseguido hacer panes más que decentes y que con éste super-moderno no consiga más que ladrillos, salvo algunas excepciones como el roscón, hasta ahora.
Otra razón para hacerlo, puede que la más importante, es que en Badajoz tengo pinche, mi sobrina E., que con 4 años recién cumplidos ya ha perdido el miedo a las masas pegajosas y al amasado Bertinet (eso de aporrear masas le gustó desde el principio, y ya casi se le da mejor que a mí...). Siempre que hago pan E. me pide que le reserve un trozo de masa para amasarlo ella ("el más grande"), y a mí me llama "la madrina panadera", ya os podéis imaginar la cara de boba que se me puso cuando me lo dijo la primera vez... D. aún es muy pequeño, pero ya mira con mucha atención eso de los golpes en la mesa.
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Se está hablando mucho últimamente de lo malos que son algunos productos básicos (
el pan,
la leche, la fruta...), y cuánto tiene eso que ver con la falta de memoria: en mi caso, por ejemplo, me he acostumbrado a tomar casi cualquier tipo de leche UHT porque prácticamente no he tomado otra, nunca he tenido costumbre de tomar leche fresca y no sé a qué sabe la leche recién ordeñada. Sin embargo sí tengo un recuerdo muy claro de las fresas o los tomates que comía de pequeña y por eso me decepciona tanto lo que puedo encontrar a diario en la tienda. En el caso del pan, aprender a hacerlo me ha enseñado la diferencia, y ahora me hace mucha ilusión que E. ya esté familiarizada con el proceso y que pueda probar panes diferentes, aunque por ahora para ella sea sólo un juego.
Otra cosa buena de este pan es que está hecho con ingredientes muy simples y muy baratos; aunque yo ahora me he vuelto un poco más rarita con todo esto y compro harinas aquí y allá, está bien saber que se puede hacer un pan estupendo con lo que hay en el super de al lado (en el Foro del Pan se propuso como
tema del mes y se hicieron panes estupendos con harinas corrientes): estos "panitos", como diría E., están hechos con harina de fuerza del Mercadona y harina candeal del Corte Inglés, levadura, leche y sal, sin más. La receta, ajustada al calor de esta época:
Prefermento (día antes, o unas horas antes)
-3 gr. de levadura fresca, o 1 gr. de levadura seca
-50 gr. de leche
-50 gr. de harina
Mezclamos, dejamos doblar tamaño a temperatura ambiente y guardamos en la nevera hasta el momento de usar.
Resto de masa:
-450 gr. de harina (aprox. 300 de harina de fuerza y 150 de harina candeal. o la harina que tengamos)
-275-300 gr. de leche, o mezcla de leche y agua
-12 gr. de sal (1 cucharadita y media, aprox.)
-1 cucharadita de azúcar
Se mezcla el prefermento con el resto de ingredientes; reservamos un poco de líquido para añadir al final y ajustar la cantidad en función de la absorción de la harina, debe quedar una masa manejable pero un poco pegajosa al principio. Amasamos bien, de seguido o con reposos, hasta que quede una masa suave y elástica. Dejamos doblar tamaño en un bol aceitado, si queremos dando algún plegado intermedio. (En mi casa hacía tanto calor que tardó muy poco, algo más de una hora). Entonces dividimos la masa en dos trozos, le damos la forma que queremos (en mi caso, dos batards) y dejamos doblar de nuevo bien tapadas para que no se resequen. Pintamos con leche la superficie, greñamos y horneamos a 220º unos 35 minutos (bajamos un poco la temperatura a media cocción), o hasta que estén bien doradas y al golperalas en la base suenen a hueco.
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Queda un pan muy rico, muy blanco, de miga poco aireada pero muy blandita; a medias entre un bollo (aunque no lleva nada de grasa) y un pan "normal", fantástico para tostadas.
Estupendo también (amasarlo, y luego comerlo) como remedio para
días rojos, mucho mejor si se hace en compañía de alguien querido.