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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Bollos suizos (con masa madre): para muchos desayunos felices

Tenía muchas recetas pendientes con las que me proponía despedir el año en el blog; al final estos últimos días del año han estado llenos de catarros y otros imprevistos y muchas de esas recetas tendrán que esperar. 
No pasa nada; cuando surgen estos imprevistos es cuando una agradece tener una madre y, también, un congelador lleno de esos pequeños tesoros: una tartera con un guiso o unas lentejas, pan casero... o unos bollos suizos para un desayuno inesperado. No los había publicado, y me ha parecido una buena manera de despedir el 2014: deseando muchos felices desayunos para el año que llega. 
Ya tenía una receta de bollos suizos en el blog, que funciona bastante bien; ésta la preparé hace unas dos semanas y se basa en la primera, pero tiene algunas pequeñas variaciones que hice para ir ensayando para el roscón, así que se puede decir que está a medio camino entre ambos: lo que hice fue incorporar un poco de masa madre, añadir cáscara de naranja y subir un poco la cantidad de azúcar. Al final la receta quedó más o menos así (para unos 10 bollos):

-100 g de masa madre refrescada con leche y harina a partes iguales
-350 g de harina de fuerza (en mi caso, Tradicional Zamorana)
-aprox. 80 g de azúcar (o más si lo queremos más dulce), y algo más para decorar
-1 pellizco generoso de sal
-ralladura de 1 naranja
-2 huevos
-50 g de leche entera, y algo más para ajustar la consistencia
-6 g de levadura fresca
-80 g de mantequilla
-1 cucharadita o cucharada de agua de azahar (al gusto)
Se baten los huevos y se reserva un poco para pincelar los bollos. Mezclé y amasé todo salvo el azúcar y la mantequilla, que agregué cuando la masa ya estaba bastante suave; yo lo hice con amasadora, que en este caso resulta bastante útil, pero con paciencia y un bol grande se puede hacer a mano. Una vez integrado todo, hice una bola y la dejé levar en un bol hasta que aumentó un poco el volumen (no hace falta dejar doblar porque el segundo levado lo quería forzar un poco). 
Dividí la masa en porciones de unos 75-80 g, desgasé y formé bolitas, bastante tensas. Las dejé reposar unos minutos para que se relajara la masa. Entonces las "estiré" un poco haciéndolas rodar con la mano sobre la encimera para que cogieran forma alargada, las pinté con huevo batido y las dejé fermentar tapadas hasta que habían aumentado bastante de tamaño, más del doble.
Se vuelven a pintar con huevo, se echa un poco de azúcar encima y se hornean a 200º unos 15 minutos o hasta que están dorados. Se dejan enfriar totalmente antes de comerlos, pues cuando están calientes aún tienen un cierto olor a la masa madre que después desaparece totalmente.
El truco de forzar la segunda fermentación es estupendo, es la diferencia entre una miga rica pero densa y una muuy esponjosa; es un truco que vale para casi cualquier bollo, así quedan realmente blanditos, aunque hay que tener cuidado para que no se pasen de fermentación, de ahí lo de acortar la primera.
Para esta prueba hice bollos en lugar de hacer directamente un roscón; los bollos se pueden congelar enteros una vez que están fríos y aguantan muy bien. Se dejan descongelar entre 1 y 2 horas a temperatura ambiente y están como recién hechos, así que merece la pena hacer una buena tanda.
Lo mejor es cuando te olvidas de que están ahí y un día te acuerdas de ellos, sacas un par, preparas un chocolate... y tienes el desayuno o merienda perfectos. Espero que en el año que llega haya muchos de éstos para todos, y siempre mejor en buena compañía.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Galleta de naranja, mermelada de limón

Tres meses sin publicar. Por muchas razones, ninguna mala salvo quizás un poco de pereza. Y calor, mucho calor, que me ha obligado a tener el horno apagado desde junio. Vuelvo con muchas ganas de cocinar, con muchas recetas pendientes marcadas en los libros.
La de hoy sin embargo es sólo una variación de una que ya publiqué en el blog, y que se ha quedado como mi receta de galletas de cabecera; desde entonces he probado a hacerlas de muchas maneras: con especias, con azúcar de melaza, con harina blanca o integral... quedan muy diferentes con estos pequeños cambios, pero siempre quedan bien. Esta vez quise darle salida a la corteza de naranja confitada que me había sobrado del roscón - que como se puede imaginar estaba ya muy seca - y han quedado muy ricas. Aunque la receta es casi igual, vuelvo a ponerla:

-1 huevo
-100 g de azúcar (20 g de azúcar moreno de melaza, muy oscuro, y el resto blanco)
-75 ml de aceite (mezclé girasol y oliva)
-3 cucharadas soperas de naranja confitada, muy picada
-1 pellizco de sal
-unos 240 g de harina, esta vez sólo blanca (la cantidad que admita la masa)
-1 cucharadita de levadura química, tipo Royal (mezclada con la harina)

Se bate el huevo con el azúcar y el aceite y se van añadiendo los ingredientes en el orden indicado, echando por último la harina y mezclando sólo hasta que se integre y se pueda hacer una bola con la masa. Se enfría una hora o más en la nevera, se estira, se cortan las galletas con un molde y se hornean unos 12 minutos a 180º o hasta que cojan el color deseado.
La mermelada de limón es un tesoro rescatado del fondo de la despensa... la hice en diciembre del año pasado, con unos estupendos limones regalados, y hasta ahora no la hemos abierto ni se me ha ocurrido publicarla. Durante este tiempo se ha oscurecido (viendo la foto parece poco creíble que sea de limón, pero así es) y el sabor se ha hecho más intenso, no sabe tanto a caramelo como recién hecha y yo creo que me gusta más ahora. Es una mermelada peculiar, tiene tanto sabor que no es del tipo con el que te untarías una tostada entera (o sí, depende de cada uno) pero con las galletas me gusta mucho, y posiblemente dé mucho juego para cocinar, para complementar un relleno de tarta, para comer con yogur...
El procedimiento es el de una receta publicada varias veces en internet (por ejemplo, en Directo al Paladar), que según dicen es de Nostradamus: la diferencia con cualquier otra mermelada es que se dejan los limones en remojo unos días antes de prepararla, con el fin de evitar un amargor excesivo. Yo no he probado a hacerla de otra manera, pero así ha quedado bien, así que aquí la dejo.
Me quedo con las ganas de contar algo más del verano, colgar alguna foto de los viajes, comentar alguna nueva dirección del barrio... pero queda mucho otoño por delante, y yo todavía no me he quitado de encima toda la pereza veraniega. Pronto, más y mejor.

sábado, 22 de febrero de 2014

Klatkager (a veces me gustaría ser nórdica)

Es más fácil prepararlas que pronunciarlas: los daneses llaman klatkager a unas tortitas que preparan para aprovechar restos de arroz con leche, o también gachas de avena. La receta me pareció muy sencilla, así que, aunque no he probado las originales, me he aventurado a hacerlas.
Yo las conocí de pura casualidad, al leer un libro infantil que compré hace unos días en una librería de viejo: La llegada del cometa, de la serie de la familia Mumin (unos libros que ningún niño, ni adulto, debería perderse). Siempre me han chiflado estos libros, por las historias y por las ilustraciones de su autora, la escritora finlandesa Tove Jansson. En una de ellas se ve a Mumin y sus amigos comiendo klatkager, "gruesos crêpes hechos con arroz con leche". Me puse a buscar un poco, y aprovechando que había sobras de arroz con leche en casa, he preparado una versión sencilla.
Se trata de mezclar unos 200 ml de arroz con leche (aproximadamente) con un huevo batido, hasta conseguir una pasta como la de las tortitas, quizás un poco más espesa, y freírlas igual que las normales, en una plancha o sartén ligeramente untada con mantequilla. Se sirven con azúcar espolvoreado, canela, miel, o mermelada.
En las recetas danesas que he mirado había muchas variaciones: a veces se añade vainilla, a veces se bate la clara a punto de nieve, otras veces ponen miel, o un poco más de azúcar... dado que mi arroz con leche estaba bastante dulce y un poco caldoso, yo no he puesto más azúcar pero sí un poquito de harina para espesarlo más, aunque de todos modos me han quedado más finitos que los que se suelen ver en los blogs daneses; esto es porque el arroz con leche danés (risengrød) es muy muy espeso, como unas gachas gruesas. Para que sean más fieles a las originales se puede escurrir ligeramente el arroz con leche, pero yo he preferido aprovecharlo tal cual.
A Mumin parece que se le da mejor que a mí eso de darles la vuelta... yo casi la lío.
El resultado es bastante peculiar, porque la apariencia es la de una tortita pero al morder el sabor es diferente, y se notan los granos de arroz húmedos... si los comes calentitos y les pones azúcar y canela, el sabor recuerda un poco al relleno de los pasteles de Belém (los de verdad), cosa que no es extraña porque los ingredientes, salvo el arroz, son los mismos. 
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Pero no es por los klatkager que me gustaría ser nórdica. Ni porque quiera ser más alta o más rubia (que no), ni por lo mucho que me gusta su arquitectura y su literatura. M.A. dice que quiere ser sueco, o noruego, cada vez que ve algo que le disgusta de aquí (por ejemplo, esa española y horrible costumbre de hacer pis en la calle, o de entrar gritando a cualquier sitio...); yo le tomo prestada la expresión, porque llevo unos días en los que lo he pensado varias veces. 
Sé que tal y como están las cosas lo normal cabrearse sobre todo con los políticos y responsables en general de nuestros grandes males, pero de quejas hacia ellos ya está internet bien surtido y yo me desahogo a diario en casa. Lo que hoy me hace hervir la sangre, porque son las cosas que me hacen perder un poco la esperanza, son esos pequeños detalles y gestos cotidianos tan enraizados en la gente normal, la que te cruzas día a día, y sabes que van a durar mucho más que cualquier político, porque son fruto únicamente de la (poca) educación y de eso, no nos engañemos, vamos fatal.
Es el hecho, por ejemplo, de que en nuestro país se siga confundiendo la educación y la elegancia con la cantidad de dinero que tienes en el banco, el número de coches que guardas en el garaje o el apellido que lleves, y así día a día te cruzas con señoronas vestidas de visón hasta las cejas incapaces de dar las gracias si les cedes el paso al entrar en una tienda. 
Me fastidia sobremanera esa gente que desprecia o se asusta del que es diferente, y piensa por ejemplo que todo el que se manifiesta por una u otra causa es un perroflauta o un radical, aunque como nunca han salido de su barrio ni se han acercado a una manifestación no saben en realidad de qué va el asunto.
Me repatea la necia resistencia al cambio, que hace que cada vez que uno hace algo diferente, aunque sea algo pequeño o tan simple como decidir ir en transporte público o en bici en lugar de comprarte un coche que no te hace falta, se interprete como un gesto hippie o se piense que es por falta de recursos, en vez de pensar que es un acto consciente y meditado, una decisión casi vital, una manera de vivir tu vida según las reglas que tú mismo eliges y no las que se consideran "normales".
Podría seguir poniendo ejemplos de esto, que a mí me parece simplemente "paletismo de clase alta" (lo siento si alguien se ofende). Me paso mucho tiempo últimamente explicando por qué hago cosas de determinada manera, incluso a gente de mi misma edad, gente que ha estudiado, pero se siguen extrañando porque decidas hacerte el pan en casa o vivir de alquiler en vez de hipotecada. Y descubro que todas esas cosas que aquí se ven como extrañas son absolutamente normales en el norte de Europa. 
No es que yo tenga una visión idealizada de esas sociedades, sé que ellos tienen sus miserias, sus fanatismos, sus corrupciones y otras cosas. Pero lo poco que he conocido a gente de allí, o lo que he leído acerca de su manera de vivir, me hace envidiarles en muchos aspectos: lo normalizadas que tienen algunas costumbres como el reciclaje o el moverse en bicicleta, lo que mucho que cuidan y valoran sus servicios públicos (empezando por su educación), su respeto a la libertad personal (me refiero sobre todo a las mujeres) o sus políticas de ayuda a la maternidad. Me encanta su falta de complejos, que hace que allí, por ejemplo, sea normal pedir la comida que sobra para llevar, fabricarte ciertas cosas tú mismo o que funcionen otros modelos de comercio que aquí se siguen mirando con la nariz arrugada, como las tiendas de segunda mano (afortunadamente esto creo que sí está cambiando, aunque sea por la crisis y no un cambio de mentalidad). Me sorprende que allí, aunque en ciertas épocas casi no puedan salir a la calle por el tiempo, sin embargo respetan y cuidan su espacio público mucho más que nosotros, que sí lo usamos a diario, pero lo despreciamos. Y mucho más...
Afortunadamente, creo que hay muchas personas que últimamente también quieren ser nórdicas de vez en cuando, y que deciden hacer las cosas de una manera diferente. Ya sé que algunos cambios suponen a veces dejar atrás tradiciones muy nuestras, pero... que queréis que os diga: hay tradiciones que por muy nuestras que sean, yo prefiero dejarlas atrás.

martes, 10 de diciembre de 2013

Mermelada de membrillo con agua de azahar

Una alternativa estupenda si, como me ha pasado a mí, os encontráis con un montón de membrillos en la cocina y estáis hartos del dulce de membrillo al uso. A mí el dulce me gusta mucho pero la textura me cansa un poco, echaba de menos algo más untuoso y notar la fruta, así que probé a hacer mermelada. Para variar también un poco en el sabor eché agua de azahar, muy poquita, y le queda muy bien, aunque es tan sutil que si no lo sabes ni te das cuenta. 
En esta tanda, que era de prueba, usé poca fruta: salieron unos 3 botes de mermelada, y utilicé:
-600 g de membrillo, peso ya limpio y picado (en este caso sin piel ni corazones)
-400 g de azúcar (mitad blanco y moreno, esto da igual)
-el zumo de un limón pequeño
-2 cucharaditas de agua de azahar
-1 vaso de agua, o algo más
La diferencia con el dulce es que no usé la piel del membrillo, ya que no quería que cuajara tanto y además no lo quería batir. También es diferente la cantidad de azúcar (2/3 del peso de la fruta) y el añadir líquido para permitir que el membrillo quedara bien cocido sin llegar a espesarse y así dejar una textura más fluida.
Lo que hice fue picar mucho la fruta, dejando trocitos del tamaño de un cacahuete (más o menos). Lo pesé, añadí el azúcar y el zumo de limón y puse todo a cocer a fuego medio-bajo, removiendo de vez en cuando; también podemos presionar con una espátula de madera o un prensador (ver más abajo) para deshacer algunos trocitos. Si se consume mucho el líquido y la fruta aún está dura se puede añadir algo más de agua, y a media cocción se añade el agua de azahar.
La mermelada se retira del fuego cuando el membrillo está tierno pero todavía queda bastante líquido visible, porque espesará mucho al enfriar. Se puede hacer una prueba con un plato bien frío. Con la mezcla aún caliente se vierte en botes esterilizados, se cierran y se dejan enfriar sobre la tapa. Si queremos conservarlos mucho tiempo se pueden hervir al baño María.
Así me ha quedado a mí. Un poquito más espesa de lo que quería, pero muy rica. Los trocitos de membrillo quedan blandos pero enteros, con una consistencia parecida a la de una gominola. Si no queremos trocitos se puede batir, pero a mí no me gusta pasar las mermeladas porque pierden el brillo y además me gustan los trozos; para eso el utensilio perfecto es un prensador como el de la foto, se usa al final de la cocción cuando la fruta ya se ha reblandecido y nos permite dejar la textura que queremos sin perder el brillo de la mermelada. También es estupendo para las salsas de tomate.
La receta me hace doble ilusión porque además es la primera que hago con membrillos del membrillero que plantamos hace ya un par de años: ésta es la primera cosecha, han salido muchos membrillos pequeños (casi parecen más bien peras gordas) pero suficientes para unos cuantos botes de mermelada o dulce. Como la producción siga creciendo mucho en un par de años me veo montando una mega-fábrica de conservas de fruta, al estilo del personaje de Diane Keaton en Baby tú vales mucho (que es una película muy tonta que a mí me hace mucha gracia... qué le voy a hacer).
Aún quedan membrillos en la cocina, de los míos y de los regalados por mi prima F. (¡gracias F., te debo unas mermeladas!). Ya estoy pensando qué haré con ellos.

martes, 29 de octubre de 2013

Pan de arroz

Decía el libro de Dan Lepard, Hecho a mano, que éste es un buen pan para las tostadas del desayuno; yo desde luego no voy a discutirlo.
Es una fórmula bastante sencilla de pan de molde, hecho con levadura y leche y añadiendo a la masa una buena cantidad de arroz ya cocido y algo de miel; es perfecto para aprovechar restos de arroz cocido que hayan sobrado, y por eso es una buena receta de reciclaje de las que tanto me gustan a mí.
Como me temía (ya lo avisaba el libro) al llevar tanto arroz queda una masa bastante pegajosa, así que yo he aprovechado para darle trabajo a la amasadora, con la que todavía estoy en proceso de aprendizaje. Si no se tiene amasadora no pasa nada, sólo hay que tener paciencia con los reposos y una buena rasqueta para ir plegando, o añadir un poquito menos de leche. Por lo demás hice la receta tal cual viene en el libro, solo que el segundo levado lo hice en la nevera para alargarlo un poco.
Ha quedado un pan de tostadas estupendo, muy blandito (lo tapé con un paño recién salido del horno para que la corteza quedara así) y muy rico de sabor por la leche, el arroz y la miel.  
Las tostadas las hemos estado comiendo últimamente con cabello de ángel, una cosa que no se me hubiera ocurrido nunca; lo compré en Portugal hace poco, allí se vende con normalidad en el supermercado al lado de las mermeladas corrientes, el membrillo (marmelo) y el arrope. Mi idea era reservarlo para hacer un día unas empanadillas dulces o algo así, pero M.A. se adelantó y al final ha quedado para los desayunos. Éste además lleva un poquito de canela y piel de naranja y la verdad es que está muy rico.
Hacer pan en casa necesita a veces bastante tiempo, pero a cambio te da muchas satisfacciones: una de ellas es la de tener desayunos que de otra manera nunca probarías. Éste es uno de ellos, y es una manera estupenda de recibir el frío.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Granola de manzana

O, como diría mi sobrino D., "pispis". La granola empecé a prepararla hace mucho: en el blog dejé la primera, de chocolate, y la receta me gustó tanto que con un par de pequeñas variaciones se ha quedado como fija: a veces cambio el fruto seco, o añado coco rallado...
Pero sobre todo he aprendido pequeños trucos: para empezar, sobre el tipo de avena. En los supermercados hay dos tipos, los copos pequeños (que se venden a veces como "suaves") y los grandes. Yo prefería los grandes pero con el tiempo me he dado cuenta de que quedan mejor los pequeñitos.
Por otro lado, sobre el punto justo de horno y la textura: al principio la removía mucho y la dejaba demasiado tiempo, así que quedaba muy suelta y demasiado tostada; ahora la dejo menos tiempo en el horno y la remuevo sólo una o dos veces para que forme trozos medianos y quede menos seca.
El otro gran truco es, precisamente, la manzana: como añade bastante humedad y se carameliza un poco ayuda a formar esos trozos tan ricos que se acaban rebuscando en el bote. Para una cantidad generosa de granola se necesitan:

-4 tazas de copos de avena
-1 taza de frutos secos picados toscamente. Mejor crudos, si no poco tostados (yo usé avellanas y almendras)
-1 pellizco de sal
-1 cucharadita de canela
-3/4 taza de miel (yo usé una miel oscura, de brezo, que da mucho sabor)
-1/4 taza de azúcar moreno (yo usé panela rallada)
-1/4 taza de aceite de girasol, o 2 cucharadas de mantequilla
-1 manzana reineta
Por un lado se mezclan los ingredientes secos (avena, frutos secos, sal y canela) en una bandeja amplia de horno; por otro lado se calientan sin dejar hervir la miel con el azúcar y el aceite o mantequilla. Se apartan del fuego cuando están bien mezclados y se añade la manzana rallada (se hace justo entonces para no dejarla oxidar).
Se junta todo y se remueve bien procurando que se impregnen todos los copos por igual. Se hornea a fuego bajo (150º) unos 25 minutos, removiendo una o dos veces. Se saca cuando aún está algo húmedo pero ya empieza a dorarse ligeramente en los bordes de la bandeja (es importante que no se tueste).
Se saca del horno y se deja enfriar. Se guarda en un bote hermético y se come con leche, yogur, helado...
La primera vez que la preparé a M.A. le pareció una tontería yanqui; después le empezó a hacer gracia, y ahora la pide cuando no hay. Él fue el que quiso que la dejara en trozos más grandes y a fuerza de intentar hacerla así he conseguido la receta que más me ha gustado. Yo la prefiero con yogur (sin azucarar) pero cuando los tomas con leche dejan un sabor a miel muy rico en ésta; y es algo estupendo para tener un bote en la despensa, olvidarte de él y encontrarlo un día cuando tienes antojo de dulce. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Bollos suizos

Una entrada rápida para acordarme de cómo preparé estos bollos suizos, que he hecho para mi hermana y (creo) que han quedado bastante bien. La clienta al menos así lo ha dicho.
Como eran para regalar no me ha dado tiempo de esmerarme mucho con las fotos ni hay foto de la miga, pero estoy bastante contenta con el resultado, muy ricos y de miga ni demasiado seca ni demasiado pesada. 
La receta está basada en la que se colgó en El Foro del Pan, adaptada a la cantidad de quería hacer, al calor que hace aquí y a mis manías personales; básicamente lo que he hecho ha sido reducir las cantidades y ajustar un poco a la baja el porcentaje de azúcar y levadura. En resumen, la receta para 8 bollos fue ésta:
-400 g de harina de fuerza
-80 g de mantequilla (en mi caso, salada)
-50 g de azúcar, y algo más para decorar
-2 huevos
-85 g de leche y algo más para ajustar (en total debieron ser 100-110)
-10 g de levadura fresca, o menos si hace mucho calor
-1 cucharadita de agua de azahar, o un poco más si nos gusta mucho
Se templa la leche y se mezcla con la mantequilla y el agua de azahar; se baten los dos huevos, se reserva una parte para pincelar luego los bollos y el resto se mezcla con lo anterior. Se añade el azúcar y por último la harina y la levadura. Se trabaja la masa, se ajusta la consistencia si hace falta con un poco de leche (yo no la hice muy pegajosa, dejé una masa fácil de amasar) y se sigue hasta que podamos formar una bola suave, tersa y elástica. Se deja en un bol aceitado hasta que dobla el volumen o algo menos.
Entonces se amasa ligeramente para sacar el gas y se forman bolas del tamaño deseado; se pueden estirar ligeramente si no los queremos redondos del todo. Se pintan con huevo y dejan levar de nuevo hasta que doblen de tamaño, resguardados para que no se resequen (hay quien los cubre con film, pero a mí no me gusta porque a veces se pega y quedan feotes); se vuelven a pintar con huevo, se espolvorean con azúcar y se hornean a horno fuerte (220º o incluso más) unos 10-15 minutos en función del tamaño que les hayamos dado. En el foro recomendaban hacerlos así porque quedan más tiernos, y yo creo que funciona, pero hay que tener cuidado para que no se quemen y se hagan por igual por arriba y abajo.

Se pueden hacer variaciones, hacerles un corte central, prescindir del azahar o poner más azúcar, hacerlos más grandes o pequeños... pero es una estupenda receta de base.

miércoles, 13 de febrero de 2013

El horno pluriempleado

Con el principio del año han llegado nuevas manías, o al menos las viejas parecen ir a más (debe ser que me estoy haciendo vieja, mi cumpleaños anda cerca...) y una de ellas, de la que ya he hablado, es la de leerme todos los ingredientes de las cosas que compro para evitar ciertas cosas, entre ellas las omnipresentes grasas vegetales hidrogenadas. 
Eso hace que cada vez me resulte más difícil llevarme repostería del súper a casa (y acompañarme a la compra, que me pongo muy pesadita) así que ahora ando probando recetas de magdalenas y otras cosas para preparármelas yo en casa. Todavía no he llegado a la receta perfecta, pero dejo las de hoy que están bastante buenas: magdalenas de limón y semillas de amapola.
Ya he preparado magdalenas otras veces, con diferentes recetas, y quedan muy buenas (es difícil que hechas en casa queden mal), pero nunca me han quedado unas magdalenas bonitas, con un copete de los que dan ganas de pellizcar. Así que he mirado y remirado blogs y el laargo hilo que hay sobre este tema en el Foro del pan.
Parece que hay un par de recetas más o menos comunes: una es la que sale en el libro "Pan" de Xavier Barriga, así que he aprovechado que tengo el libro y he partido de ahí: el truco, según él, es batir muucho la masa (yo hacía todo lo contrario, aunque sí batía mucho los huevos) y reposarla en el frigo un buen rato antes de hornear. Evidentemente a mí no me ha funcionado (me parece que va a ser cosa del horno...), pero las magdalenas están muy buenas después de haber ajustado a mi gusto la cantidad de aceite, así que aquí las dejo. Para 12 magdalenas he usado:
-2 huevos (ya cascados pesaban unos 110 g)
-150 g de azúcar, o algo más, depende del gusto de cada uno
-125 ml de aceite (oliva, girasol o mezcla, al gusto)
--60 ml de leche
-210 g de harina de repostería
-1 cucharadita de levadura química
-ralladura de 1 limón
-1 pellizco de sal
-2-3 cucharaditas de semillas de amapola
Se tamiza la harina y se mezcla con la levadura, el limón, las semillas y la sal. En otro recipiente se baten (mucho) los huevos con el azúcar; cuando ya están montados se añaden poco a poco y sin dejar de batir el aceite y la leche. Por último se va agregando la mezcla de la harina, y una vez incorporada se bate de nuevo durante 3 minutos. Se deja la mezcla en el frigorífico.
Se calienta el horno a unos 200º; se llenan unos moldes a unos 3/4 de capacidad (yo he gastado unos de papel, metidos en moldes rígidos para que no se abran) y se hornean unos 20 minutos o hasta que estén doradas.
Así han quedado... son más redondas que otras que he hecho antes, pero todavía no son lo que esperaba. Creo que el horno también tiene que ver, así que seguiré probando. También variaré los ingredientes: hace un par de semanas las preparé sin limón ni semillas y cambiando una pequeña parte de la harina por coco rallado, y la verdad es que estaban muy buenas. Las próximas, ya veremos.
Y mientras tanto, aprovechando el frío y que ya tenemos de nuevo la cocina operativa, el horno echa humo: también horneé estos panes de trigo y centeno (70-30%) parecidos en sabor a algunos panecillos portugueses: como quería que no crecieran mucho para poder ponerlos en el tostador, aproveché para ensayar: a unos les hice un hueco con el dedo (al estilo de los baps de Carmen) otros los pinché con una brocheta, y otros los aplané con la mano sin más. Un fiasco, todos crecieron igual... pero están siendo un gran desayuno.
Y por último os dejo unas fotos de la vista de la cocina en la que amaso cuando estoy en Badajoz, y que cada tarde me sorprende; los que aún no conocen Extremadura, aquí tienen una razón más para no perdérsela:

viernes, 30 de noviembre de 2012

Bollos de aceite y anís

Una receta en proceso, aún tengo que mejorarla, pero buenos de todos modos. Estos bollos se parecen ligeramente a algunos dulces tradicionales extremeños, pues muchos de ellos se hacen también con masas levadas enriquecidas con grasa (manteca, mantequilla o aceite) y se aromatizan con anís, aunque la receta que yo he seguido hoy no se corresponde exactamente con ninguna de ellas. 
Yo quería unos bollos con cierta consistencia y no demasiado dulces, para desayunar, y lo que he hecho (precisamente como en muchas de esas recetas) es partir de una masa sencilla de pan (harina, agua, levadura y sal) y añadir algo de aceite de oliva, azúcar y semillas de anís. Como no lleva huevo ni leche y la cantidad de aceite es pequeña no son unos bollos tiernos, están realmente más cerca de un pan que de un bollo, aunque en la imagen no lo parezca. La próxima vez quizás los haga algo más enriquecidos, pero en los de hoy usé:
-500 g. de harina de fuerza
-agua (aproximadamente 325-350 g., pero no lo medí)
-3-4 g. de levadura seca (equivale a unos 10-12 de levadura fresca)
-10 g. de sal
-4 cucharadas de azúcar
-1 cucharada de semillas de anís
-aceite de oliva (tampoco medí, aproximadamente 1/2 taza)
Preparé un prefermento el día antes mezclando parte de la harina y el agua y un pellizco de levadura, pero esto es opcional. Se mezclan todos los ingredientes excepto el aceite, añadiendo el agua suficiente para que quede una masa no demasiado pegajosa, y se amasa hasta que está lisa y elástica (yo lo hice con varios reposos). Entonces se añade poco a poco el aceite y se sigue amasando hasta que está bien integrado. Se deja reposar en un recipiente aceitado hasta que doble el volumen.
Se divide entonces en 10-12 bolas y se dejan reposar de nuevo hasta que doblen de nuevo. Se pincelan un poco con leche o huevo, se espolvorea azúcar y unas pocas semillas más de anís y se hornean unos 25 minutos a 220º, o hasta que estén dorados.

lunes, 29 de octubre de 2012

Pão de Deus, estaladinho, arrufada

Tres preciosos nombres para un mismo bollo:
El  pão de Deus (pan de Dios) es un dulce portugués, de esos que encuentras prácticamente en cualquier pastelería del país. Son bollos de brioche tierno, cubiertos de una crema de huevo y coco, y espolvoreados de azúcar:
La verdad es que no suelo pedirlos, pero la última vez que estuvimos allí compramos uno muy rico y, dado que aquí no se pueden encontrar, decidí probar a hacerlos. Busqué varias recetas en la web, y partí de la de Gastronomías, una web en la que se recogen muchas recetas portuguesas, para fijarme, sobre todo, en la manera de hacer la cobertura, pues el brioche lo hice más sencillo aún. He utilizado estas cantidades para 6 bollos, si se quieren hacer más se doblan las cantidades:
-250 g. de harina de fuerza
-75 g. de azúcar
-50 g. de mantequilla
-1 huevo
-leche templada, aproximadamente 50-75 ml (depende de la harina)
-6 g. de levadura fresca

Para la cobertura:
-1 huevo
-una pizca de leche (unas 3 cucharadas)
-60 g. de coco rallado (aproximadamente)
-2 cucharadas de azúcar + azúcar en polvo para adornar
Se prepara la masa, mezclando todos los ingredientes salvo la mantequilla y añadiendo la leche poco a poco para ajustar bien la consistencia; tiene que quedar una masa blandita pero no demasiado, porque después al agregar la mantequilla se hará más blanda aún. Se amasa un buen rato, hasta que se desarrolle bien el gluten y quede una masa suave y elástica; entonces se añade poco a poco la mantequilla en trocitos y se amasa de nuevo hasta que queda bien integrada. Se deja levar hasta que doble de tamaño (un par de horas, depende de la temperatura).
Se divide en 6 porciones, se hacen bolas y se dejan levar de nuevo en una bandeja. Cuando doblen el tamaño de nuevo, se bate el huevo; se pincelan las bolas, y el resto del huevo se mezcla con el coco, la leche y el azúcar, añadiendo lo suficiente para que quede una pasta cremosa, pero que no se desparrame (se puede ver en la foto). Se reparte sobre las bolitas, y se hornean aproximadamente 30 minutos a unos 200-220º, o hasta que estén doradas. Se dejan enfriar, y se espolvorean con azúcar en polvo.
Y ya está. Son deliciosos, sobre todo si te gusta el coco. A mí me gusta moderadamente, así que, aunque esta vez he hecho esta versión, que es la "canónica", puede que la próxima intente emular otra manera de hacerlas más parecida a uno que probé la última vez, los de la Padaria Portuguesa, una cadena de panaderías-pastelerías a las que, sin ser precisamente de mis favoritas, hay que reconocer que con este bollo son unos jefes: allí los preparan muy juntos, de manera que se pegan entre sí y quedan cuadrados, no redondos; la crema la hacen más líquida, más cerca de unas natillas con coco que una pasta de coco en sí, y se desparrama sobre los bollos quedándose en los surcos y empapando la masa... guau.
Sobre este bollo, y sobre todos los demás pasteles típicos de Portugal, se publicó hace tiempo este precioso libro, Fabrico próprio, que se agotó en poco tiempo. A mí me dio una pena terrible no conseguirlo así que estuve muy atenta a la segunda edición, y en cuanto salió a pre-venta lo compré y desde hace unas semanas tengo mi ejemplar firmado por los autores. Me hace mucha ilusión tenerlo porque habla de todos esos bollos tan frecuentes allí y que son parte de mis recuerdos infantiles (y no tan infantiles), de mis desayunos allí, de mi año Erasmus y de muchas cosas más: salen pastelerías míticas en las que he estado con mi familia o con mis amigos, y muchas cosas más. También, el pão de Deus; los de hoy, dedicado a mi sobrino D., que hoy cumple 3 añitos. :)

martes, 17 de julio de 2012

Melón con yogur (hace mucho calor)

Pues eso, que hace mucho calor para andar encendiendo la cocina... y es la época del año en la que más y mejor fruta hay en el mercado, así que hay que aprovechar. 
Evidentemente no pongo receta: es sólo yogur con melón picado, la única "rareza" es que he añadido unas migas dulces, de un bollo de anís que se había quedado seco. Se pueden sustituir por frutos secos, galleta desmigada o lo que uno quiera. 
El melón era de tipo cantalupo (o cantaloupe), de forma parecida al melón de Galia pero con la carne de color naranja y muy aromática. Quizá sea por no ser muy frecuente en nuestras fruterías, pero a mí es uno de los que más me gustan; y, dado que elegir melones no es precisamente uno de mis talentos, agradezco que casi siempre salgan dulces, o al menos los poquitos que he comprado yo. 
Lo mismo que he hecho con el melón se puede hacer con cualquier fruta de verano (melocotones, ciruelas, nectarinas, cerezas...). Mucho mejor si van directamente del árbol...
... al saco... 
... o a la panza... 
Éstas las recogí en realidad hace ya días, y en principio iban para mermelada pero daba tanta pereza encender el fuego que al final las fuimos comiendo y no quedaron muchas para cocinar. 
Y ya que empiezo, enseño una foto del pequeño huerto que decidimos empezar mi hermana, mi cuñado y yo sin saber con certeza si lo llevaríamos a cabo, y parece que lentamente va tomando forma. Este año no teníamos tiempo para cuidar un huerto de verduras y hortalizas, así que nos limitamos a elegir y poner en invierno los primeros frutales nuevos para que fueran creciendo (bueno, ejem, cuando yo llegué a Badajoz ya estaban plantados, todo hay que decirlo...): un albaricoquero, un membrillero, almendros, cerezos, cítricos y un par de avellanos que parece que serán los más delicados.
En el futuro queremos plantar más cosas (en mi caso me gustaría cultivar esos productos que raramente encuentras en el mercado, precisamente como los melones cantalupo, o variedades diferentes de berenjenas, tomates o patatas). 
Plantar un huerto -y comer algo que tú mismo has cuidado- es de las cosas que más ilusión dan, aunque sea pequeño; pero esto necesita tiempo y atención así que de momento iremos poco a poco (por ahora, yo me estoy entrenando este año con tomateras y fresas en el balcón, sin hacerles demasiado caso y aún sin una producción que merezca la pena enseñar); espero que podamos empezarlo pronto, a ver si el verano que viene ya podemos comer tomates que sepan a tomate :)

martes, 17 de abril de 2012

De miel y pan

A estas alturas, cualquiera que haya pasado un par de veces por el blog ya sabe que soy muy golosa; lo cual, en mi caso y por ahora, no es ningún problema: después de una infancia y adolescencia de gordita gafotas ya me harté y se me pasaron todos los complejos, así que ahora en vez de dejar de comer prefiero mover más el culo, sea andar, correr, bailar o irme a pasear al monte, que es mucho más divertido que hacer una dieta de moda que te deja tan deprimida como flaca a base de tanto salvado de avena. Puaj :).
A lo que iba es que, para ser tan golosa, hasta hace bien poco no me ha entusiasmado la miel, y tampoco me importaba demasiado de qué era o de dónde venía. Sin embargo últimamente me estoy aficionando mucho y descubriendo lo distintas que son según las flores y la procedencia. Entre otras cosas, gracias a los viajes y a los regalos de los amigos: en la foto de arriba, miel de romero de Castellón, suave, pálida y cristalizada, y una miel que nos trajeron unos amigos de Portugal - no sé de qué - oscura, y muy aromática. Otras veces me traigo una tarra enorme de miel de frutales de Badajoz, o nos regalan un tarrito de miel de brezo... todas distintas, lo mejor es probarlas a la vez y notar las diferencias.
Otra cosa de la que me he dado cuenta últimamente es de la cantidad de miel que se vende aquí que viene de fuera (como los espárragos, las legumbres y tantas otras cosas... leed atentamente las etiquetas y veréis): por una vez tampoco pasa nada, pero igual que no se me ocurre comprar - por ejemplo - aceite de oliva extranjero, también prefiero que la miel y las otras cosas sean de aquí en la medida de lo posible. 
¿Y el pan? Bueno, no es nada especial, y al mismo tiempo sí: el otro día cometí un error de novata y no guardé un poco de masa madre después de hacer los panes de la semana, así que tuve que empezar otra, aunque con una pequeña trampa: tenía un poquito de masa madre seca por si las moscas, y me sirvió para arrancar esta nueva.
Éste es el primer pan que hago con ella, y es de lo más simple: pan de kilo, 100% harina blanca de los Pisones, masa madre, agua y sal. Varios pliegues, muuucho tiempo de fermentación (casi 24 horas, toda la noche en la terraza al fresco madrileño) y un horneado también prolongado. Me daba miedo que quedara ácido, y como no había crecido mucho desconfiaba del resultado, pero es de los mejores panes que he hecho últimamente. 
¿Aún no os habéis animado a hacer pan? Probad, merece la pena. ¡Pero de verdad!

jueves, 5 de abril de 2012

Vacaciones de secano

Si tienes tanta suerte como yo y te invitan a un sitio como éste...
... puede que algún amigo te prepare esto para desayunar...
... que éstas te acompañen en el paseo de después, para bajar el desayuno...
... y que más tarde éstas te dejen la cena casi preparada en el corral:
En Badajoz no hay mar, pero no importa :)

domingo, 5 de febrero de 2012

Pan de patata

El pan perfecto para las tostadas del desayuno.
La receta está inspirada (¿por qué no soy capaz de hacer nunca la receta tal y como viene...?) en una del libro Hecho a mano de Dan Lepard, aunque poniendo una pequeña parte de harina integral. La patata añade almidón y consigue que la miga conserve humedad, así que cuando haces una tostada queda crujiente y dorada pero tierna por dentro... una baaarbaridad. Dan Lepard lo explica aquí (en inglés).
Se puede hacer un pan de patata de muchas maneras: sólo con harina blanca o con integral, poniendo la patata cruda o cocida, añadiendo miel, o aceite, con masa madre o con levadura... La versión de hoy es una de las más simples, un pan de harina blanca con un poco de harina integral, levada con prefermento y con patata cruda rallada. Las cantidades aproximadas fueron (para dos panes medianos):
-300 gr. de prefermento hecho un día o unas horas antes (150 agua + 150 harina + pellizco de levadura)
-550 gr. de harina panificable
-100 gr. de harina integral
-410-450 gr. de agua, aproximadamente (depende mucho de las harinas, conviene echarla poco a poco)
-1 patata mediana, rallada
-1 cucharada de miel
-3 gr. de levadura fresca
-18-20 gr. de sal
La preparación es la de siempre: mezclamos todos los ingredientes y amasamos, de seguido o con reposos, hasta que la masa está suave y elástica. Dejamos fermentar hasta que dobla (en mi caso rondó unas 2 horas), dividimos en 2 piezas y formamos barras gruesas. Dejamos fermentar otra vez, en una bandeja tapadas con un trapo húmedo o dentro de un trapo grueso de lino enharinado. Se hornea, los primeros 10 minutos a 250º y después a 200º hasta que estén bien dorados y hechos por dentro; en mi caso tardó algo más que otros panes, acabo de arreglar el horno y estoy de nuevo haciéndome a él, pero puede que fuera también por la patata, que hace una masa muy húmeda; puede que incluso le hubiera venido bien algo más de horno y hacer una corteza algo más gruesa, pero está delicioso.
Lo de las tostadas es cierto: cortadas en rebanadas gruesas, tardaron bastante en tostarse, pero quedaron crujientes y muy blanditas por dentro, untadas con mantequilla y miel... creo que voy a hacerme otra.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Migas con chocolate amargo

Absténganse todos aquellos que estén cuidando su línea con vistas a los excesos navideños: éste es un desayuno (o merienda, o cena...) extremeño, altamente calórico y adictivo. Si, como yo, no sois capaces de prescindir de estas joyas de la gastronomía, podéis tomarlo en pequeñas raciones, salvo que seáis pastores trashumantes y vayáis a pasar el día al fresco en el monte. 
La verdad es que yo no las preparo casi nunca, así que por un día me lo puedo permitir; y, aunque no soy nutricionista ni nada parecido, estoy segura de que muchos bollos de los que se compran son mucho más calóricos y nocivos. Éstas además son la versión más sencilla, fritas sólo con aceite de oliva y ajo sin añadir ningún producto del cerdo (tocino, panceta...) así que, además de ser menos grasas, son "vegetarianas".
Sé que a algunos les puede parecer un poco salvaje poner ajo en algo que te vas a comer con chocolate... la verdad es que a mí ya me parece de lo más normal, me parece imprescindible el sabor que les deja, sin él sería sólo pan frito; están muy buenas, probad y veréis.
Hay muchas maneras de hacer las migas; yo pongo la que me enseñó mi abuela (ya sabéis, la de las "pizcas" y los "poquitos") ampliado con lo poco que he ido aprendiendo, aunque aún me queda mucho que mejorar. Son migas blancas, sin pimentón, como se hacen en Badajoz. Como es una receta de reciclaje se prepara con el pan que tengas a mano, aunque el pan candeal es muy habitual para hacerlas. En cuanto a las cantidades... es difícil precisar, realmente es una de esas recetas en las que hay que ir cogiéndole el truco a las texturas: a mí las migas me gustan más bien secas, no muy grasientas y que queden algunos trocitos tiernos con otros más tostados y crujientes. Cuestión de práctica.
Como orientación, yo hoy he preparado un plato pequeño, que serviría como desayuno fuerte para una persona o dos pequeñas raciones como la de la primera imagen. He usado:
-1/4 de hogaza de pan candeal (unos 150 gr. aprox), de un par de días antes
-1 o 2 dientes de ajo, según el tamaño y nuestro gusto
-aceite de oliva virgen
-sal, agua
Al pan se le quita la corteza (hay quien la deja) y se van haciendo lascas o rebanadas finas que luego se trocean con las manos (es mejor que queden trocitos irregulares, y no demasiado pequeños porque luego se deshacen más en la sartén). Se remojan ligeramente con agua con una pizca de sal (yo habré usado aproximadamente medio vasito de agua, pero esto es otra cosa que se va aprendiendo con la práctica) y se tapan con un paño húmedo. Se dejan reposar unas horas o toda la noche si son para el desayuno.
Se cubre el fondo de una sartén con aceite de oliva y se fríe un diente de ajo al que habremos dado un golpe, sin dejar que se queme para que no amargue. Cuando el ajo empieza a dorarse ligeramente añadimos las migas y vamos removiendo muy bien hasta que todas cogen un poco del aceite del fondo (si hiciera falta, se añade una pizca más); se baja un poco el fuego y se siguen removiendo, hasta que empiezan a coger color, que las miguitas más pequeñas se empiecen a tostar pero las grandes aún estén un poco tiernas (ir probando).
El chocolate se puede preparar al gusto (con tableta, con cacao en polvo...); yo hoy lo quería más bien amargo y lo he preparado calentando en una taza de leche dos cucharadas de cacao puro, una de azúcar y un poquito de maicena para espesar.
Si no se quieren tomar con chocolate o café se pueden preparar estas mismas migas para acompañar un huevo frito, por ejemplo; si se quieren las migas completas se usarían, además, unas cuantas tiras de pimiento verde y la cantidad deseada de tocino, panceta, chorizo o lo que más nos guste; todo eso se freiría antes que el ajo y las migas para dejar color y sabor en el aceite, donde se haría el pan con el ajo y se juntaría todo al final. Esto está muy rico, pero yo lo dejo para los años bisiestos :)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Requesón casero, higos y miel

Una tosta de las buenas, con requesón preparado en casa. El requesón es una de esas cosas muy fáciles de hacer y que, a poco que usemos una leche de calidad, es un producto delicioso y mejor que la mayoría que se compran. Además, para los panaderos caseros es una buena manera de conseguir una cantidad considerable de suero, que hará unos panes y bizcochos estupendos y diferentes.
Yo he preparado una cantidad pequeña, pero se pueden doblar o triplicar las proporciones en función de  lo que nos haga falta. Con medio litro de leche se obtiene un cuenquito pequeño de requesón (como para dos buenas tostadas) y un vaso grande de suero. También se puede variar la receta en función del gusto y el uso que se le vaya a dar: si es para cocinar (por ejemplo, una tarta de queso) se deja tal cual, sin salar, pero si es para untar queda mejor con una pizca de sal. También se le puede añadir nata para hacerlo más cremoso, usar leche de oveja o de cabra, etc. Se necesita:

-1/2 litro de leche entera (mejor fresca, yo usé de Priégola)
-zumo de 1/2 limón, o una cantidad similar de vinagre (2 cucharadas aprox.)
-una pizca de sal (opcional)
-1 paño bien limpio, o una gasa grande de algodón (en farmacias, cuesta menos de 1€)

Se pone la leche a calentar y cuando está a punto de romper a hervir se baja el fuego al mínimo y se añade el limón; se remueve un poco, hasta ver que empieza a separarse el suero, y se aparta del fuego. Se deja enfriar, y mientras colocamos la gasa sobre un colador y éste sobre un bol grande. Volcamos en él la mezcla, y cuando ya ha soltado buena parte del suero cerramos el paño y retorcemos para que suelte algo más y compactarlo. Se puede dejar colgado para que siga espesando, o ponerle un peso encima. Al sacarlo de la gasa se sala al gusto, y a comer.
La tostada lleva, sobre una rebanada de buen pan, una ración generosa de requesón, un higo pequeño en cuartos, unas avellanas partidas toscamente y un hilo de miel.
La receta que dejo aquí es una manera de hacer requesón, pero hay muchas posibles que se pueden consultar en internet, algunas paso a paso. Ésta es una de las primeras que yo ví, que me dió las ganas de prepararlo, pero hay muchas más. También hay vídeos interesantes en Youtube, como éste de la revista Gourmet en el que se ve el proceso completo de la versión con nata (aunque ella desecha el suero, ¡NOOOO!!!):
Es increíble cómo una cosa tan simple da juego para taaantas recetas, especialmente en Italia. En Internet, aparte de pasta y postres, se encuentran verdaderas curiosidades, como la preparación de su versión fermentada típica de La Puglia, la Ricotta Forte (se puede ver cómo se prepara en este vídeo), o este otro vídeo de Salvatore Brooklyn, un establecimiento neoyorquino que se ha hecho célebre haciendo... ricotta. Merece la pena ver a sus dueñas preparando sus tostaditas, comiéndolas con devoción, y hablando de ello como del mejor de los manjares.

domingo, 26 de junio de 2011

"Panitos" de leche

Un pan para muchas cosas: una de ellas, aprender a entenderme de una vez por todas con el horno de mi madre: es curioso que con mi horno de Madrid, que es prácticamente una caja de zapatos con resistencia, haya conseguido hacer panes más que decentes y que con éste super-moderno no consiga más que ladrillos, salvo algunas excepciones como el roscón, hasta ahora.
Otra razón para hacerlo, puede que la más importante, es que en Badajoz tengo pinche, mi sobrina E., que con 4 años recién cumplidos ya ha perdido el miedo a las masas pegajosas y al amasado Bertinet (eso de aporrear masas le gustó desde el principio, y ya casi se le da mejor que a mí...). Siempre que hago pan E. me pide que le reserve un trozo de masa para amasarlo ella ("el más grande"), y a mí me llama "la madrina panadera", ya os podéis imaginar la cara de boba que se me puso cuando me lo dijo la primera vez... D. aún es muy pequeño, pero ya mira con mucha atención eso de los golpes en la mesa.
Se está hablando mucho últimamente de lo malos que son algunos productos básicos (el pan, la leche, la fruta...), y cuánto tiene eso que ver con la falta de memoria: en mi caso, por ejemplo, me he acostumbrado a tomar casi cualquier tipo de leche UHT porque prácticamente no he tomado otra, nunca he tenido costumbre de tomar leche fresca y no sé a qué sabe la leche recién ordeñada. Sin embargo sí tengo un recuerdo muy claro de las fresas o los tomates que comía de pequeña y por eso me decepciona tanto lo que puedo encontrar a diario en la tienda. En el caso del pan, aprender a hacerlo me ha enseñado la diferencia, y ahora me hace mucha ilusión que E. ya esté familiarizada con el proceso y que pueda probar panes diferentes, aunque por ahora para ella sea sólo un juego.
Otra cosa buena de este pan es que está hecho con ingredientes muy simples y muy baratos; aunque yo ahora me he vuelto un poco más rarita con todo esto y compro harinas aquí y allá, está bien saber que se puede hacer un pan estupendo con lo que hay en el super de al lado (en el Foro del Pan se propuso como tema del mes y se hicieron panes estupendos con harinas corrientes): estos "panitos", como diría E., están hechos con harina de fuerza del Mercadona y harina candeal del Corte Inglés, levadura, leche y sal, sin más. La receta, ajustada al calor de esta época:

Prefermento (día antes, o unas horas antes)
-3 gr. de levadura fresca, o 1 gr. de levadura seca
-50 gr. de leche
-50 gr. de harina
Mezclamos, dejamos doblar tamaño a temperatura ambiente y guardamos en la nevera hasta el momento de usar.
Resto de masa:
-450 gr. de harina (aprox. 300 de harina de fuerza y 150 de harina candeal. o la harina que tengamos)
-275-300 gr. de leche, o mezcla de leche y agua
-12 gr. de sal (1 cucharadita y media, aprox.)
-1 cucharadita de azúcar

Se mezcla el prefermento con el resto de ingredientes; reservamos un poco de líquido para añadir al final y ajustar la cantidad en función de la absorción de la harina, debe quedar una masa manejable pero un poco pegajosa al principio. Amasamos bien, de seguido o con reposos, hasta que quede una masa suave y elástica. Dejamos doblar tamaño en un bol aceitado, si queremos dando algún plegado intermedio. (En mi casa hacía tanto calor que tardó muy poco, algo más de una hora). Entonces dividimos la masa en dos trozos, le damos la forma que queremos (en mi caso, dos batards) y dejamos doblar de nuevo bien tapadas para que no se resequen. Pintamos con leche la superficie, greñamos y horneamos a 220º unos 35 minutos (bajamos un poco la temperatura a media cocción), o hasta que estén bien doradas y al golperalas en la base suenen a hueco.
Queda un pan muy rico, muy blanco, de miga poco aireada pero muy blandita; a medias entre un bollo (aunque no lleva nada de grasa) y un pan "normal", fantástico para tostadas.
Estupendo también (amasarlo, y luego comerlo) como remedio para días rojos, mucho mejor si se hace en compañía de alguien querido.