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martes, 3 de septiembre de 2013

Cozinha portuguesa

Como casi todos los años, los últimos días de agosto para mi familia significan... Portugal.
Quien me conozca o lea el blog sabe que voy con bastante frecuencia desde que soy pequeña. A pesar de ello, cada año me sigue sorprendiendo su cocina: a veces probando los platos de siempre, como el arroz de marisco...
 ... o el bacalao, esta vez con broa, grelos y patatas a murro (y bien de aceite):
También descubriendo recetas nuevas. Este año, no sé por qué, nos ha dado por el pulpo, y de éste han sido dos de los platos más ricos que hemos probado durante estos días: la cataplana de pulpo con batatas:
Y el pulpo à Bulhão Pato (con ajo, aceite y mucho cilantro, que es la forma más frecuente de preparar las almejas por allí):
También este año innovamos un poco con los postres y dulces y probamos algunas de las cientos de recetas dulces de huevo que tienen los portugueses, como los quindins (dulce brasileño que también se come en Portugal), la encharcada...
 ... o la torta de laranja:
Para completar, playa, piscina y bicicleta, bastante paseo y alguna visita. En mi último viaje a Lisboa había visto, en un mercadillo de libros de segunda mano, una vieja edición (de 1986) de libro de cocina portuguesa que me había encantado, pero dudé si comprarlo; no me olvidé de él, y al buscar más información por internet me estuve tirando de los pelos por no haberlo hecho y cruzaba los dedos para que estuviera cuando volviera: tuve mucha suerte:
El libro se llama Cozinha Tradicional Portuguesa, y está escrito por Maria de Lourdes Modesto, quien fuera presentadora de un recordado programa de cocina en la televisión lusa y que más tarde recopiló cientos de recetas portuguesas en este libro, al que muchos consideran el libro de referencia de la cocina tradicional del país. 
Están agrupadas por zonas, y a mí, además de parecerme precioso, me ha enseñado a vincular las recetas que conozco con cada región portuguesa. Están todos esos platos que siempre me he preguntado cómo hacer (algunos no están en internet), muchos que no conocía, y algunos muy familiares (como las empadas de galinha alentejanas):
Ya sé que no todo el mundo comparte este interés por la cocina portuguesa (M.A. la aprecia, pero no tanto como yo) y hay mucha gente que la encuentra demasiado tosca, pesada o simplona. A mí sin embargo me parece una cocina muy diferente, auténtica y con un vínculo especial con sus raíces, incluso cuando se actualizan, aunque en algunos sitios turísticos empiecen a verse tonterías, reducciones de vinagre y chorradas así. 
Yo cruzo los dedos para que en este proceso de modernización no se pierdan muchos de los platos que aún perduran en los menús, las sopas, las açordas, los pescados con sus sencillas elaboraciones y las ricas guarniciones, o sus contundentes postres de huevo. Hasta mi próximo viaje me dedicaré a leer y quizás a experimentar con mi nuevo libro, un gran recuerdo de las vacaciones. 

lunes, 29 de octubre de 2012

Pão de Deus, estaladinho, arrufada

Tres preciosos nombres para un mismo bollo:
El  pão de Deus (pan de Dios) es un dulce portugués, de esos que encuentras prácticamente en cualquier pastelería del país. Son bollos de brioche tierno, cubiertos de una crema de huevo y coco, y espolvoreados de azúcar:
La verdad es que no suelo pedirlos, pero la última vez que estuvimos allí compramos uno muy rico y, dado que aquí no se pueden encontrar, decidí probar a hacerlos. Busqué varias recetas en la web, y partí de la de Gastronomías, una web en la que se recogen muchas recetas portuguesas, para fijarme, sobre todo, en la manera de hacer la cobertura, pues el brioche lo hice más sencillo aún. He utilizado estas cantidades para 6 bollos, si se quieren hacer más se doblan las cantidades:
-250 g. de harina de fuerza
-75 g. de azúcar
-50 g. de mantequilla
-1 huevo
-leche templada, aproximadamente 50-75 ml (depende de la harina)
-6 g. de levadura fresca

Para la cobertura:
-1 huevo
-una pizca de leche (unas 3 cucharadas)
-60 g. de coco rallado (aproximadamente)
-2 cucharadas de azúcar + azúcar en polvo para adornar
Se prepara la masa, mezclando todos los ingredientes salvo la mantequilla y añadiendo la leche poco a poco para ajustar bien la consistencia; tiene que quedar una masa blandita pero no demasiado, porque después al agregar la mantequilla se hará más blanda aún. Se amasa un buen rato, hasta que se desarrolle bien el gluten y quede una masa suave y elástica; entonces se añade poco a poco la mantequilla en trocitos y se amasa de nuevo hasta que queda bien integrada. Se deja levar hasta que doble de tamaño (un par de horas, depende de la temperatura).
Se divide en 6 porciones, se hacen bolas y se dejan levar de nuevo en una bandeja. Cuando doblen el tamaño de nuevo, se bate el huevo; se pincelan las bolas, y el resto del huevo se mezcla con el coco, la leche y el azúcar, añadiendo lo suficiente para que quede una pasta cremosa, pero que no se desparrame (se puede ver en la foto). Se reparte sobre las bolitas, y se hornean aproximadamente 30 minutos a unos 200-220º, o hasta que estén doradas. Se dejan enfriar, y se espolvorean con azúcar en polvo.
Y ya está. Son deliciosos, sobre todo si te gusta el coco. A mí me gusta moderadamente, así que, aunque esta vez he hecho esta versión, que es la "canónica", puede que la próxima intente emular otra manera de hacerlas más parecida a uno que probé la última vez, los de la Padaria Portuguesa, una cadena de panaderías-pastelerías a las que, sin ser precisamente de mis favoritas, hay que reconocer que con este bollo son unos jefes: allí los preparan muy juntos, de manera que se pegan entre sí y quedan cuadrados, no redondos; la crema la hacen más líquida, más cerca de unas natillas con coco que una pasta de coco en sí, y se desparrama sobre los bollos quedándose en los surcos y empapando la masa... guau.
Sobre este bollo, y sobre todos los demás pasteles típicos de Portugal, se publicó hace tiempo este precioso libro, Fabrico próprio, que se agotó en poco tiempo. A mí me dio una pena terrible no conseguirlo así que estuve muy atenta a la segunda edición, y en cuanto salió a pre-venta lo compré y desde hace unas semanas tengo mi ejemplar firmado por los autores. Me hace mucha ilusión tenerlo porque habla de todos esos bollos tan frecuentes allí y que son parte de mis recuerdos infantiles (y no tan infantiles), de mis desayunos allí, de mi año Erasmus y de muchas cosas más: salen pastelerías míticas en las que he estado con mi familia o con mis amigos, y muchas cosas más. También, el pão de Deus; los de hoy, dedicado a mi sobrino D., que hoy cumple 3 añitos. :)

domingo, 5 de febrero de 2012

Pan de patata

El pan perfecto para las tostadas del desayuno.
La receta está inspirada (¿por qué no soy capaz de hacer nunca la receta tal y como viene...?) en una del libro Hecho a mano de Dan Lepard, aunque poniendo una pequeña parte de harina integral. La patata añade almidón y consigue que la miga conserve humedad, así que cuando haces una tostada queda crujiente y dorada pero tierna por dentro... una baaarbaridad. Dan Lepard lo explica aquí (en inglés).
Se puede hacer un pan de patata de muchas maneras: sólo con harina blanca o con integral, poniendo la patata cruda o cocida, añadiendo miel, o aceite, con masa madre o con levadura... La versión de hoy es una de las más simples, un pan de harina blanca con un poco de harina integral, levada con prefermento y con patata cruda rallada. Las cantidades aproximadas fueron (para dos panes medianos):
-300 gr. de prefermento hecho un día o unas horas antes (150 agua + 150 harina + pellizco de levadura)
-550 gr. de harina panificable
-100 gr. de harina integral
-410-450 gr. de agua, aproximadamente (depende mucho de las harinas, conviene echarla poco a poco)
-1 patata mediana, rallada
-1 cucharada de miel
-3 gr. de levadura fresca
-18-20 gr. de sal
La preparación es la de siempre: mezclamos todos los ingredientes y amasamos, de seguido o con reposos, hasta que la masa está suave y elástica. Dejamos fermentar hasta que dobla (en mi caso rondó unas 2 horas), dividimos en 2 piezas y formamos barras gruesas. Dejamos fermentar otra vez, en una bandeja tapadas con un trapo húmedo o dentro de un trapo grueso de lino enharinado. Se hornea, los primeros 10 minutos a 250º y después a 200º hasta que estén bien dorados y hechos por dentro; en mi caso tardó algo más que otros panes, acabo de arreglar el horno y estoy de nuevo haciéndome a él, pero puede que fuera también por la patata, que hace una masa muy húmeda; puede que incluso le hubiera venido bien algo más de horno y hacer una corteza algo más gruesa, pero está delicioso.
Lo de las tostadas es cierto: cortadas en rebanadas gruesas, tardaron bastante en tostarse, pero quedaron crujientes y muy blanditas por dentro, untadas con mantequilla y miel... creo que voy a hacerme otra.

sábado, 22 de octubre de 2011

Pan plano con semillas de fenogreco

Este pan está tan bueno que después no te puedes creer que sea tan fácil y que lo hayas hecho tú. Hacía tiempo que tenía ganas de hacer este pan desde que lo ví en el libro Cocina Árabe (Bonechi Ed., 2001, en algunos sitios lo he visto también con el título Cocina Egipcia). En él lo llaman "khubz ruqaq", aunque yo no he usado el mismo nombre porque por lo poco que he visto en google me parece que la traducción no es exacta, y además no he seguido la receta al pie de la letra.
Me ha sorprendido ver que la receta del libro es, salvo por el fenogreco, prácticamente idéntica a la de un roti o chapati indio. De hecho, a la hora de hacerlos me he guiado por este vídeo de Manjula (un fantástico vídeo-blog de cocina india, imprescindible) más que por la receta original. El fenogreco, que en la receta original va en granos enteros, yo lo he puesto en granos tostados y molidos en un mortero, pues era la primera vez que los probaba y me daba miedo que tuvieran un sabor excesivamente fuerte. Al final los he hecho así, para 4 panes:

-1 taza de harina de trigo (yo he usado harina común, de una marca de supermercado)
-1/2 cucharadita de semillas de fenogreco
-1 pellizco de sal
-1/2 taza de agua templada

Se tuestan las semillas de fenogreco en una sartén y se muelen toscamente en un mortero. En un bol se ponen la harina, las semillas y la sal y se añade poco a poco agua templada hasta tener una mas maleable y blanda, pero no pegajosa. Se hace una bola y se deja reposar en el bol ligeramente aceitado entre 10-30 min. Se divide en 4 porciones y se hacen bolitas con las manos. Se calienta una plancha o sartén grande; con un rodillo enharinado se aplanan las bolas hasta hacer tortitas finas, y cuando la plancha está bien caliente se hacen en ella (no hace falta poner aceite) por ambos lados, hasta que se empiecen a tostar las burbujas que salen. Si se siguen las indicaciones de Manjula, untamos levemente cada torta con un poco de ghee o mantequilla clarificada, o se comen tal cual.
Son deliciosas, y se pueden comer de mil maneras. El sabor del fenogreco  me ha parecido muy sutil quizás porque fui demasiado precavida y eché poca cantidad, deja un gusto al final, un sabor leve y agradablemente amargo (es difícil de explicar, pero está muy bueno). Como este tipo de panes se hacen en muchos países hay muchas variaciones: éstas están hechas con semillas de fenogreco, pero las hay también con hojas de fenogreco (típicas de la India, quedan de color verde), o con otras especias y verduras.
Éstas son las semillas. El fenogreco o heno griego tiene además otros nombre preciosos, como alholva (que supongo viene de su nombre árabe, hulba o helba, en Egipto) y aunque aquí no se consume mucho es muy habitual en otros países, entre otras cosas en algunos curries (de hecho, el olor al molerlas recién tostadas recuerda bastante al curry).
Creo que aquí se puede encontrar en algunos herbolarios, donde se vende entre otras cosas para germinar brotes; yo lo compré en una tienda de especias de mi barrio, Spicy Yuli, una tienda preciosa en la que puedes encontrar las especias raras y exóticas que no sabes dónde buscar. Además su dueña es un encanto y te cuenta cómo utilizar cada producto, te recomienda... a mí, al decirle que quería el fenogreco para hacer pan, me dió una pequeña muestra de semillas de nigella, que utilizaré dentro de poco en alguna otra receta parecida.
Por cierto, ahora el fenogreco tiene mala fama porque una partida de semillas procedentes de Egipto se vinculó al brote de E.Coli (del que antes se culpó al pepino español...), por lo que se prohibió su importación desde ese país a la UE (prohibición que sigue en vigor); yo la verdad es que soy poco aprensiva y supongo que lo que se vende en España es seguro, pero por si alguien quiere probarlo y tiene dudas es bueno saber que el riesgo se asocia al consumo crudo (los brotes) y en esta receta están cocinadas (primero al tostarlas, y después en la cocción del pan).

lunes, 17 de octubre de 2011

Zanahorias con panceta (receta extremeña)

Últimamente me está tirando la gastronomía de la tierra; a M.A. le sorprende mucho lo poco o nada que pruebo yo los embutidos y productos del cerdo, pero la verdad es que en mi casa - extrañamente - apenas se ha comido nada de ello, salvo jamón y, más recientemente, piezas como la presa o el secreto ibéricos (aunque tampoco demasiado). A cambio, siempre que vuelvo de Badajoz regreso con un poco de "pelusa de la dehesa", y no hago más que ponerme pesada con lo estupendo que es todo lo extremeño, y que qué poco se conoce y valora y que blablabla, para desgracia de M.A. que es el que me aguanta el discurso y me llama paleta.
Lo que realmente me da mucha pena es no saber preparar algunos platos típicos que se están perdiendo, creo que entre otras cosas porque en general son demasiado laboriosos o pesados para la cocina del día a día; muchos están reunidos en recetarios estupendos, entre ellos el titulado Cocina Extremeña, uno que se editó en fichas con el periódico Hoy hace ya más de 20 años, y que a mí me encanta. No hago muchas recetas porque saldría rodando (muchas se basan en el cerdo, el pan, el ajo y el aceite...), pero de vez en cuando intento alguna de las más sencillas; ésta es una de ellas.
Es un plato de verdura muy sencillo, en el que la carne hace de acompañamiento; eso sí, la receta original del libro, que es de la Cofradía Extremeña de Gastronomía, tiene algunas particularidades, como el uso de manteca de vaca en lugar de aceite u otra grasa. La manteca de vaca es, para quien no lo haya oído nunca, un derivado de la leche (no como la manteca de cerdo, que es del propio animal); no es un producto fácil de encontrar salvo en Galicia o Asturias, creo, así que en su lugar se puede usar mantequilla clarificada o bien el aceite que usemos normalmente. Yo esta vez he usado aceite de oliva. Por otro lado, el tiempo de cocción es larguísimo, como se hacía antes, pero yo lo he reducido considerablemente para que la verdura no quede deshecha.
Para dos personas se necesita: 
-4 zanahorias medianas
-1 cebolla
-1 loncha gruesa de panceta o tocino veteado (no bacon)
-1 cucharada de manteca de vaca (o mantequilla, o aceite)
-sal y pimienta 
Se pica la cebolla y se pone a rehogar con el tocino cortado en tiras en una sartén honda con la manteca o el aceite; cuando la cebolla ya está tierna y ligeramente dorada se añaden las zanahorias cortadas en rodajas o trozos gruesos y se sofríen un par de minutos más. Se echa sal y pimienta y se cubre con agua (la cantidad depende del resultado que queramos, si se pone agua justa para cubrir quedarán unas zanahorias con un poco de salsa, si se pone más quedará tipo guiso de cuchara); se dejan unos 25-30 minutos, hasta que las zanahorias estén bien tiernas y el caldo tenga la consistencia deseada. Se pueden servir con un huevo frito o escalfado, pero yo soy una cobarde y me las he tomado sin más. También se pueden añadir algunas hierbas, como tomillo, orégano...
Éste es el libro. Debe ser una reliquia, porque he buscado en internet y no he encontrado gran cosa sobre él; yo le tengo mucho cariño y además las recetas son estupendas y algunas muy curiosas, como las que se hacen con ortigas, con ranas o con casquería. Para quien quiera conocer más de recetas extremeñas, hay bastante literatura, y de ésta se hizo una buena selección en el blog Con los cinco sentidos (algunos de esos libros ya los tengo, y algún otro caerá seguramente en Reyes).
También os podéis dar un paseo virtual viendo, si no los habéis visto ya, los dos capítulos de Un país para comérselo dedicados a Extremadura, y descubrir cómo se hacen las perrunillas o qué es la rosca de Muégado:

sábado, 14 de mayo de 2011

Pan pugliese

Otra receta de pan italiano de Peter Reinhart; es curioso que se haya hecho tan célebre un libro de panes europeos (en su mayoría) escrito por un panadero norteamericano, pero la verdad es que las que yo he probado a hacer salen muy bien, sean o no sean realmente como los panes originales. El pan pugliese, como el siciliano, lleva un parte importante de harina de trigo duro que le da ese color tan bonito y la textura a la miga, pero éste es algo diferente, un pan de aspecto rústico pero con corteza fina y una miga blandita, muy bueno.
La receta que yo he seguido es bastante fiel a la del libro El aprendiz de panadero, adaptada a las harinas que tenía en casa:
Biga (prefermento, un día antes)
-180 gr. de harina de trigo
-120 gr. de agua
-un pellizco de levadura fresca (aprox. 3 gr.)
Masa
-Biga anterior (300 gr.)
-280 gr. de harina, mezcla de aproximadamente 50% de harina de sémola y 50% de harina panificable blanca (yo en este caso mezclé harina de sémola, harina candeal y una parte menor de harina de fuerza)
-250 gr. de agua (según la absorción de la harina)
-9 gr. de levadura fresca o 3 gr. de levadura seca
-10 gr. de sal
-opcional: 55 gr. de puré de patata
La biga se prepara uno o dos días antes, amasando la mezcla, dejándola reposar hasta que casi doble el tamaño y guardándola después tapada en la nevera.
Cuando se quiere hacer el pan se mezclan todos los ingredientes, añadiendo el agua poco a poco para controlar la textura de la masa: tiene que quedar una masa bastante pegajosa, por eso se debe amasar con reposos y plegando la masa varias veces hasta que está bien elástica y algo más manejable; entonces se deja fermentar en un bol engrasado hasta que haya doblado (en mi caso tardó alrededor de una hora). Se pasa la masa a una superficie con harina, se divide en las piezas que se quieran, se forman bolas y se pueden dejar levar sobre bandejas (se aplanará bastante) o, si queremos panes más redondos, en banettones o cuencos con paños enharinados. Se dejan doblar sobradamente de tamaño y se cuecen a horno fuerte (>250º) los primeros minutos, bajando después a 230º, en total una media hora o hasta que estén dorados.
Los panes se pueden greñar (Reinhart recomienda hacerlo con cuatro cortes, formando un símbolo #) pero yo no lo hice porque a una masa tan líquida no creí que le hiciera falta. Queda un pan muy rico y suave, con una corteza fina que es muy crujiente al salir del horno pero que va quedando tierna al enfriarse. Me pareció un pan muy bueno para hacer bollos de bocadillos, aunque tampoco ha hecho mal papel en el desayuno de hoy, en tostadas con aceite :)

martes, 26 de abril de 2011

Crumble de verduras al horno

Una receta muy rica aunque, quizás, sólo para grandes amantes de la verdura o conversos o simpatizantes de la comida vegetariana. Si no, siempre se puede "animar" añadiendo un poquito de panceta ahumada, jamón o algo parecido. 
Es muy fácil de preparar. Se necesita:
-unas verduras al gusto, mejor si son raíces o tubérculos: zanahorias, chirivías, batatas... yo añadí también unas ramitas de brécol
-harina de trigo
-leche
-romero, muy picado
-pimienta
-copos de avena, mejor de los pequeños
-frutos secos picados (anacardos, almendras, piñones...)
-aceite de oliva o mantequilla, sal
Se cuecen las verduras cortadas en trozos medianos, sólo hasta que empiecen a ablandarse pero sin hacerse del todo. Se reserva parte del caldo de la cocción. Por otro lado se prepara una bechamel ligera, mezclando parte de leche y parte del caldo de la cocción de la verdura (mitad y mitad, aproximadamente), y se condimenta con un poco de pimienta y el romero muy picado al gusto (ojo, porque es bastante aromático y el resto del plato muy suave). Se hace una mezcla de copos de avena, una pizca de harina, los frutos secos escogidos y un poco de aceite o mantequilla para hacer una especie de migas. En una fuente resistente al horno se ponen las verduras, se pone por encima la bechamel y se cubre con la mezcla de los copos y frutos secos. Se hornea a fuego medio-fuerte durante unos 15-20 minutos: las verduras han de quedar hechas por completo, la bechamel reducir un poco y, sobre todo, que la costra quede crujiente y ligeramente tostada.
Esta receta es una variación de una de un libro que ya mencioné hace tiempo y que es un tesoro de mi librería de cocina, la Pequeña Enciclopedia de la Cocina Vegetariana (El Pais-Aguilar, 1991), sobre todo porque creo que ya no se edita; fue un regalo de mis padres cuando a los 16 ó 17 años me hice vegetariana (ahora sí como carne y pescado, pero no demasiado, y menos si es en casa). En mi casa no pusieron ninguna objeción, salvo que cuidara mucho lo que comía y, por supuesto, que me encargara yo de prepararlo cuando no pudiera comer lo que hubiera en casa. El libro fue de mucha ayuda, aunque desgraciadamente muchos de los ingredientes me parecían tan raros entonces que descarté basar en él mi dieta.
Ahora que he redescubierto el libro y lo he sacado del olvido, veo que una de las cosas que más me gustan es que tiene varios apartados que explican cómo hacer en casa cosas básicas: pan, yogur, requesón, smetana (bueno, vale, esto no es tan básico en España...), lo que parece muy "normal" ahora que esto rollo casero se ha puesto un poco de moda, pero nada normal a principios de los 90, cuando me lo regalaron, y mucho menos en Badajoz.
También porque propone una cocina hecha sobre todo con ingredientes frescos y preparaciones más o menos sencillas, lejos de otra que a mí me gusta bastante menos que es la que se basa en el uso de productos procesados de soja, especialmente cuando intenta imitar los productos animales (hamburguesa de seitán... "nata" vegetal... por favor...). Entiendo que es una cocina necesaria y que gusta a mucha gente, pero a veces echo de menos un restaurante vegetariano al que pueda ir todo el mundo, sin que los no-vegetarianos empiecen a poner cara de asco y a hacer chistes malos (aun recuerdo la cara de susto una amiga, bastante carnívora, cuando se pidió la hamburguesa vegetal de un conocido restaurante vegetariano del centro de Madrid; a quién se le ocurre...); al fin y al cabo, un plato de pisto con huevo, un gazpacho o una pizza margherita son también comida vegetariana, ¿no?

martes, 8 de febrero de 2011

Batido de manzana asada y yogur

O cómo hacerte una merienda rica en 3 minutos para una tarde de catarro.
Sólo se necesita batir la carne de una manzana asada con un yogur natural, y ya está. A partir de ahí, la receta se puede variar añadiendo plátano, ralladura de limón, especias (cardamomo, por ejemplo... yo puse una pizca de canela porque la manzana asada ya lo llevaba). Sé que muchos recuerdan los batidos de su infancia con galleta, así que se le puede poner un poco antes de batir, o poner unas migas por encima al servir... lo que se quiera.

Queda muy rico y bastante espeso, como unas natillas afrutadas (os dejo una foto ya empezado, para que lo veáis), pero si lo queréis aun más espeso para servirlo como postre "de cuchara" basta añadir más fruta o bien usar yogur griego (o dejar espesar el yogur normal poniéndolo unos minutos sobre un paño limpio). La manzana está asada al microondas, se prepara igual que para poner al horno pero en un platito hondo con una pizca de agua. Se deja unos 3-4 minutos y ya está. No carameliza como en el horno, pero para una receta como ésta es suficiente, y se ahorra energía.

Aprovecho para hablaros de un par de libros sobre comida que he estado leyendo últimamente y que me han hecho pensar un par de cosas. El primero, regalo de reyes de mi hermana, es el ya comentadísimo libro de Michael Pollan El detective en el supermercado. El otro, uno de los más famosos libros de cocina francesa, Cocina de mercado de Paul Bocuse, lo encontré el otro día en el rastrillo del casco antiguo en Badajoz (qué de joyas he encontrado ya ahí).

Aparentemente no puede haber dos libros sobre comida con planteamientos más dispares: el primero, escrito por un norteamericano hace poco tiempo, aborda el tema desde la nutrición, la salud, la ecología, la sostenibilidad... y el segundo, un libro de un chef francés escrito hace 30 años, lo hace desde el puro placer de comer. Sin embargo, me sorprendió descubrir que ambos llegaban a conclusiones parecidas, y los dos destacaban la importancia de consumir productos frescos, de temporada y producidos en lugares cercanos a donde los adquirimos, así como preguntar en los mercados e interesarnos por el origen de lo que compramos. Me pareció tan curioso (y tan obvio al mismo tiempo) que aquí lo dejo.

sábado, 8 de enero de 2011

Garbanzos con espinacas y bacalao

Primera entrada del año, así que... feliz 2011!
Ahora toca recuperarse, en todos los sentidos, de los excesos navideños. Así que toca un plato sencillo, sano y barato, pero de los más ricos. Ya sé que es más típico de la cuaresma, pero a mí me gusta prepararlo siempre que haga frío. Y sí, también sé que últimamente parece que me ha dado por el bacalao, pero ha sido casualidad, ya paro :)
Aprendí a prepararlos con el libro 1080 recetas de Simone Ortega, que como tanta gente tengo destrozado de tanto usarlo. Después lo he ido haciendo a mi manera, cambiando algunas cosas (por ejemplo, poniendo zanahoria, o añadiendo a veces carne de ñoras en vez de pimentón). Además, recomiendo fervientemente prepararlo el día antes de comerlo, mejora mucho con el reposo. Os dejo aquí una de las posibilidades, para unas 4 raciones:
-4 puñaditos de garbanzos (unos 300 gr.), puestos en remojo el día antes de prepararlo
-unos 150-200 gr. de bacalao, desalado
-1 manojito de espinacas frescas, al gusto (reducen mucho al cocinar)
-2-3 dientes de ajo
-1 cebolla mediana
-1 0 2 zanahorias
-2 tomates
-laurel, sal, aceite de oliva y pimentón de la Vera
Se ponen a hervir los garbanzos en agua fría con el laurel (en olla exprés o normal) con la cantidad de agua suficiente para cubrir y un poco más. Queremos que estén cocidos pero aun bastante enteros, para terminar la cocción con el resto de ingredientes. Mientras tanto preparamos un sofrito con el ajo, la cebolla, la zanahoria y el tomate, añadiendo al final el pimentón para que no amargue. Cuando los garbanzos casi están, añadimos el sofrito y las espinacas, dejamos otros 10-15 minutos, y luego el bacalao en lascas y cocemos otros 5 minutos más.
Hay muchas posibilidades: hay a quien le gusta el caldo más espeso, y para eso se añade un poco de harina al sofrito. Y se puede hacer una versión rápida con garbanzos cocidos. en ese caso lo que se hace es preparar el sofrito, añadir a éste el agua suficiente y después poner en ella los garbanzos ya cocidos, las espinacas y el bacalao.
Por último, un pequeño obsequio de año nuevo, para quien aún no tenga uno: calendario 2011. Felices recetas!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pastelão de bacalhau (à minha moda)

Es decir, pastel de bacalao "a mi manera"; la de hoy es una receta de esas que escribo, sobre todo, para recordarme qué cosas cambiar la próxima vez que las haga. Con todo, un plato muy rico y fácil de hacer.
La receta original es del libro Cozinha portuguesa I de Maria Helena Tavares (Ed. Presença, 1999), un librito pequeño, casi sin fotos, de esos que no llamarían mucha la atención en una librería al lado de todos esos nuevos y lujosos libros de cocina actuales. A mí sin embargo me encanta, a pesar de lo escueto de las explicaciones, por el aire de recetario familiar que tiene (como si fueran las anotaciones de una abuela).
Yo he variado un poco la receta, cuento la mía y luego los cambios que hice. Para 2 personas (sobrará):
-250 gr. de bacalao, ya desalado
-250 gr. de patatas
-1/2 cebolla grande
-1 diente de ajo
-2-3 cucharadas de salsa de tomate
-1/2 vasito de leche, aproximadamente
-Aceite, sal, pimienta, pan rallado o queso
Se cuecen las patatas y se prepara un puré con ellas, suavizándolo con la leche para que quede más cremoso y sazonándolo con sal y pimienta. Se cuece el bacalao (si son migas bastará con un par de minutos) y se deshace en lascas. En una sartén se rehoga la cebolla y el ajo; cuando la cebolla está bien pochada y empieza a dorarse (yo ayudé añadiendo una pizca de azúcar) se añaden, por este orden, la salsa de tomate, el bacalao y, por último, la mitad del puré, o un poco más. Se prueba de sal, se pone la mezcla en un molde de horno, se cubre con el puré restante y pan rallado (o queso, o un poco de huevo batido...) y se gratina unos minutos en el horno.
Bueno, ¿no? La receta original es bastante parecida, aunque sin la salsa de tomate y mezclando todo el puré con el resto de ingredientes. ¿Y mi truco pendiente? Bueno, estaba bien rico, aunque muy, muy suave por la cantidad de patata, así que para la próxima seguramente pondré menos puré y añadiré más cebollita, y bien tostada, y pondré una pizca de perejil. Ñam.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Pan siciliano

(Más o menos). Este pan es una versión bastante libre del pan siciliano de Peter Reinhart, un pan hecho con harina de sémola y harina de fuerza casi a partes iguales, con bastante hidratación (alrededor del 70%), enriquecido con aceite y miel y con fermentación retardada en la nevera. Me ha faltado el sésamo...
Es un pan bastante rico, muy tierno, y con un color estupendo. Yo, que me estoy acostumbrando a esto de los panes de sémola, creo que ya son bastante dulzones como para añadir miel, pero es una manera de variar.
Esta es la receta que hice yo, más o menos: -180 gr. de masa madre blanca -250 gr. de harina de sémola, o semolina -160 gr. de harina de fuerza -12 gr. de sal -15-20 ml. de aceite -1 cucharada de miel
Se mezclan todos los ingredientes excepto la sal y se deja reposar 1/2 hora. Se agrega la sal y se amasa hasta que tenga una textura homogénea y elástica (yo lo hice al estilo Bertinet, y fue muy fácil, es una masa muy agradecida). Se forma una bola y se deja fermentar aproximadamente de 3 a 4 horas, o hasta que doble el tamaño más o menos. Se le da la forma elegida (P. Reinhart le da una bonita forma de "S", yo lo metí en un banetón), se pulveriza con agua, se añaden semillas de sésamo (yo esto último, claro, no lo hice) y se mete en la nevera toda la noche. Al día siguiente se deja templar 1 hora o, si ha crecido mucho, se puede hornear directamente. En teoría es un pan que no necesita greñado por la forma que se le da, yo por si acaso se lo hice. Se cuece a 250º los primeros 10-15 minutos y después unos 20-25 minutos más a 200º.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Verduras gratinadas con queso, pimienta y mantequilla

¿Quién ha dicho que las verduras son sanas y aburridas? Cualquier verdura se puede convertir en una "gochada" con la suficiente cantidad de queso y mantequilla...
Estoy tan acostumbrada al aceite de oliva, hasta para las tostadas, que usar mantequilla para cocinar es casi un acontecimiento, pero de vez en cuando merece la pena darse el capricho. ¡Qué rico! La receta es una mezcla de un plato que me preparó una vez una amiga residente en Suiza (ella lo hizo con brécol y patata) y algunas de las recetas para verduras que tiene Jamie Oliver en su libro La cocina de Jamie Oliver. En concreto, estuve mirando una receta llamada "espárragos trigueros con cualquier queso graso" (a veces me sorprende que se haya hecho famoso con cosas tan simples, pero hay que reconocer que el tipo tiene gracia e inventiva).
Lo único que hay que hacer es hervir un poco las verduras escogidas (en mi caso, patata y espárragos) dejándolas al dente. Recién escurridas las mezclamos con una cucharadita (o cucharada, esto es al gusto...) de mantequilla, las ponemos en un recipiente resistente al horno, espolvoreamos bien de pimienta negra y cubrimos con nuestro queso favorito, mejor si es uno cremoso (yo puse una mezcla de brie y parmesano, que es lo que tenía en la nevera). Lo gratinamos 5 minutos... y a disfrutar!

sábado, 7 de agosto de 2010

Crema fría de guisantes y miso

Una receta muy rica de reciclaje, una sopa fría para aprovechar los restos de la nevera antes de las vacaciones:
Está hecha con: (ingredientes para 2 personas, aproximadamente): -2 patatas medianas -2 tazas de guisantes congelados -1 puerro, o 1/2 cebolla -2 cucharadas de miso blanco -caldo de verduras o agua (2 vasos grandes, más o menos) -aceite de oliva
Se rehogan en una pizca de aceite la cebolla y la patata, picadas. Se añade agua o caldo hasta cubrir holgadamente (sin salar o con muy poca sal, ya que el miso es bastante salado), y 10 o 15 minutos después se añaden los guisantes. Dejamos otros 10 minutos, apartamos del fuego y dejamos enfriar. Cuando está frío añadimos 2 cucharadas de miso y batimos bien. Si hace falta se pasa por un chino o un pasapurés. Servimos, si queremos con una pizca de cebollino.
No es la primera vez que uso miso en una sopa, pero nunca he hablado de él y ésta es una buena ocasión (tampoco es que yo sea una experta, pero he estado curioseando un poco). El miso es básicamente soja fermentada, a veces con algún cereal (cebada, trigo...), y dependiendo del tipo y duración de la fermentación puede ser blanco (el suave), rojo o negro (el más fuerte). Como tantos alimentos fermentados puede comercializarse con el fermento vivo o bien pasteurizado. No hace falta cocinarlo, por eso se añade al final de la preparación. En Europa lo asociamos sobre todo a la sopa de miso, pero es un condimento que se usa en muchos otros platos. ¡Y está muy rico! En Madrid es fácil encontrarlo, en cualquiera de las tiendas orientales del centro (Plaza de España, los Mostenses, etc.)
Es curioso, pero lo de las pastas fermentadas y/o saladas que se usan como condimento es algo bastante antiguo, y común a varias culturas: hace tiempo leí un libro fantástico sobre gastronomía, Contra los gourmets de Vázquez Montalbán. En él describe un ingrediente muy curioso de la cocina romana, el garum, una pasta de pescado salada y fermentada, a veces aderezada con hierbas o especias (creo recordar que encontraba alguna relación de esto y la salsa de ostras china, por ejemplo). La descripción del modo de preparación no tiene desperdicio, y cuesta pensar que fuera algo tan apreciado, pero por lo visto era un ingrediente esencial en muchos platos.
También me recuerda un poco a otro ingrediente realmente curioso, el extracto de levadura (Marmite, en UK, o Vegemite, en Australia), un producto derivado de la levadura de cerveza que los británicos, y sobre todo los australianos, adoran, aunque yo lo probé una vez y prometí no volver a hacerlo: es una pasta oscura, densa, amarga y muy salada, que sólo puede apreciar quien lo haya tomado desde pequeño. Sin embargo, y según dice un libro que me gusta mucho, la Pequeña enciclopedia de la cocina vegetariana (El Pais-Aguilar, 1991) es un alimento casi perfecto, con todas las vitaminas del mundo. En fin, un mundo por explorar, dejo aquí mi granito de arena.
PD. La foto del miso es de Wikipedia.

domingo, 4 de julio de 2010

Tallarines chinos con salsa de carne

Después de un fin de semana bastante ajetreado, al menos para los que vivimos en el centro de Madrid, hoy toca aprovechar la calma del domingo y preparar la comida en casa tranquilamente; con lo poco que había en la nevera he preparado estos tallarines chinos, algo diferentes a los que suelo preparar:
Podría decirse que es una especie de salsa boloñesa pero "a la china", con salsa de soja y especias. Hace falta, para 2 personas:
-200 gr. de tallarines chinos
-1 diente de ajo
-1/2 cebolla
-1/2 pimiento verde
-un trocito de jengibre fresco pelado, o 1/2 cucharadita en polvo
-200 gr. de carne picada (cerdo, ternera o mezcla)
-1 cucharada sopera de tomate triturado
-1 cucharada sopera de salsa de soja, o al gusto
-1 tacita de caldo o agua
-1/2 cuharadita de harina de maiz (opcional)
-pimienta, cebollino
Se prepara un sofrito con el ajo, la cebolla, el pimiento y el jengibre (si lo hemos puesto fresco); añadimos después la carne picada y por último el tomate, la salsa de soja y la pimienta (y el jengibre, si lo ponemos en polvo). Dejamos unos minutos y echamos el caldo mezclado con la harina de maiz. Se deja un poco más a fuego medio hasta que la salsa reduzca y espese y la carne esté tierna. Por otro lado hervimos los tallarines según las indicaciones del paquete (sin salar demasiado el agua, la salsa de soja ya es bastante salada), los salteamos en aceite bien caliente y servimos con la salsa por encima y decorando con cebollino.
La receta está adaptada una de este libro bastante antiguo, Cocina china de Lalita Ahmed (Ed. Edisan, 1985). Ya sé que la autora no tiene nombre chino, y yo en general desconfío de los libros de cocina escritos por cocineros no nativos (aun me pongo mala cuando recuerdo la receta de paella que leí en un libro de cocina "española" escrito por una británica, era para echarse a llorar) pero la verdad es que este libro me encanta, no sólo por las recetas (que las hay muy buenas) sino por la descripción de los ingredientes y cómo se usan. Si es chino-chino, ese es otro cantar. los tallarines de hoy, estupendos.