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lunes, 15 de noviembre de 2010

Crema de castañas casera

La crema de castañas más simple, para utilizarla como base para otros platos dulces o salados, untar en pan o como acompañamiento para un plato de carne (¡o para comérsela a cucharadas!!).
La cantidad depende de lo que necesitemos para la receta que queramos hacer: como guía, yo hice algo menos de 1/4 kilo de castañas y salió un bote mediano de crema y un poco más (en la foto). La receta es muy sencilla, la única complicación es que es un poquito laborioso pelar las castañas para que nos queden bien limpias. Hay varias maneras, una de ellas es quitar la cáscara dura y escaldar unos minutos las castañas en agua hirviendo para poder quitar bien la piel interior, pero he leído que hay quien simplemente les hace un corte y las mete un par de minutos en el microondas, para luego abrirlas y sacar toda la carne fácilmente (yo no lo he probado, ya lo intentaré la próxima vez).
Una vez bien limpias se ponen a hervir en agua con una pizca de sal (la suficiente para cubrirlas holgadamente, pero no queremos que se muevan mucho o se desharán) y, si queremos, con alguna especia o hierba aromatizante, yo puse una cucharadita pequeña de semillas de anís, pero es opcional. Esto también depende del uso que le vayamos a dar, dulce o salado. En función del tamaño de las castañas pueden tardar de 25-35 minutos en estar tiernas, y ya se sabe, la mejor manera de comprobarlo es probarlas. Una vez cocidas, se baten con algo del líquido de la cocción, hasta que tenga la textura deseada: yo la dejé más bien espesa e incluso con algún trocito pequeño de castaña. En este punto, si la queremos con una textura un poco más suave o un sabor diferente, se puede añadir un poquito de mantequilla mientras batimos, nata, azúcar (si la queremos dulce) o especias, si no hemos añadido antes. A envasar, ¡o a comer!

viernes, 23 de abril de 2010

La salsa de tomate

Lo que no debe faltar nunca en la despensa. En épocas de exámenes podía alimentarme varios días sólo con pasta y tomate, pero al menos aprendí a hacerla yo para que tuviera algo más de gracia. Desde entonces no soporto las compradas, así que de vez en cuando toca remangarse bien, ponerse manos a la obra y preparar unos cuantos botes. Merece la pena.
Hay varias maneras de preprararla. Por supuesto, la mejor siempre es con unos buenos tomates frescos pelados y troceados, pero se pueden conseguir buenos resultados con unas buenas conservas de tomate (triturado, entero o, como en mi caso, combinando ambos). Lo de la marca del tomate es fundamental, en Italia tienen suerte y casi todo el tomate envasado que venden está muy bueno (más espeso y menos ácido) pero aquí el tomate triturado se parece más a un zumito, así que hay que elegir bien. Yo he probado varias y la marca que más me gusta es Cidacos.
Aparte del tomate, sólo nos hace falta aceite, sal, un poquito de azúcar y paciencia. El truco para la salsa es tenerla mucho tiempo a fuego muy lento para que reduzca y se haga un poquito más dulce, así que basta poner un poquito de aceite en una buena cazuela (mejor que sea un poco honda, porque salpica y mancha mucho), añadir el tomate (fresco troceado, o la conserva elegida) y dejarlo rehogar removiendo de vez en cuando para que no se pegue. Si hay trozos grandes, los vamos aplastando con el canto de la cuchara, y también podemos triturarla después. Yo suelo añadir la sal al principio (poca, y luego corrijo) y el azúcar al final, sólo si hace falta. Según el uso que le vayamos a dar la dejaremos más o menos espesa, en general yo lo aparto cuando veo que ya no queda nada de agua y al pasar la cuchara por el fondo la salsa no cubre la huella demasiado pronto (depende de la cantidad y el tomate elegido puede ser hasta más de una hora). Luego envasamos aún caliente en frascos hervidos y a guardar.
Variaciones. Tantas como cocinas y recetas. Yo en esta tanda he puesto ajo muy picado y hierbas, otras veces pongo cebolla y pimiento como hace mi madre, a veces mucha albahaca, etc. Pero también está muy buena con anchoas, con aceitunas picadas, con un poquito de cayena, y a veces hasta le he puesto curry u otras especias (ya en frío) si la voy a usar de guarnición. También tengo ganas de preparar un día la famosa passata italiana, cocinada casi sin aceite durante largo rato hasta quedar muy concentrada, mmm!

jueves, 16 de julio de 2009

Pesto

No tenía pensado decir nada del pesto que preparé hace un par de días; en primer lugar, porque la receta ya la contó ayer muy bien Sol, de Cocina de Mercado; en segundo, porque para variar no tengo una receta exacta... pero... es que... ha quedado tan rico...
De todos modos me viene muy bien escribir estas cosas para recordarlas yo misma, así que ahí va: -Un manojo generoso de albahaca bien lavada -1 diente de ajo pequeño (o medio normal) sin lo verde -1 puñado de piñones (u otro fruto seco, si no hay piñones) -1 trozo de queso parmesano (como una nuez) -aceite de oliva virgen Es tan sencillo como triturarlo todo, añadiendo por último el aceite. En el pesto, como con todo, hay para todos los gustos: a mí me gusta no batirlo mucho para que se noten los piñones y queden trocitos pequeños de las hojas.
En teoría debe llevar bastante aceite, pero si se va a guardar para consumir más tarde es mejor ponerle algo menos y, al guardarlo en el bote, añadir un buen chorro de aceite al final para que forme una capa superior que evite que se oxide. De todos modos, no se conserva bien durante demasiado tiempo, así que es mejor hacer poca cantidad.
Este pesto de albahaca no suele faltar en la nevera en verano, porque es muy fácil improvisar una cena rápida con él; pero el que tengo muchas ganas de hacer es el de rúcula, o el de tomates secos, ¡qué ricos!

sábado, 20 de junio de 2009

Chutney de tomate y manzana

En esta mañana tranquila y calurosa de sábado me he animado a hacer una de mis recetas pendientes, un chutney: una salsa especiada de origen hindú adoptada por los británicos, que puede ser de fruta (mango, etc.) y/o verdura, que probé en mi última visita a Londres y me encantó. Aquí, el que he preparado yo:
Era una receta pendiente por muchos motivos: el primero, una sana costumbre que hemos tomado mi hermana (la cocinera mayor de la familia) y yo, la de traernos de cada viaje regalos gastronómicos. Uno de los suyos fueron un riquísimo vinagre de miel catalán y estos preciosos botes de especias franceses:
Vinagre... especias... qué podía hacer? Juntarlo con estos preciosos tomates pera que están estupendos, aunque no sean extremeños... (Extremadura es uno de los mayores - y mejores - productores de tomate, y prueba de ello es una de las recetas que se puede encontrar en Atrio, la sopa de tomate de Miajadas con higos, mmm!):
Busqué varias recetas de chutney de tomate, en revistas que tenía guardadas y en internet. Había de todo, desde las más exóticas como la de Manjula a las más "british", como las de Jamie Oliver. Al final recurrí como siempre a la improvisación, y el resultado ha sido estupendo. la receta es así:
-Aprox. 800 gr. de tomates maduros, pelados y troceados. -Una cebolla pequeña picada -Una manzana picadita (mejor justo antes de echarla) -80 gr. de azúcar moreno -150 ml. de vinagre de miel (u otro, pero dulce, como el de manzana) -1 hojita de laurel -1 cayena -Especias variadas: pimienta larga de Indonesia, cúrcuma, paprika... -1 cucharadita de sal
Yo he visto dos tipos de preparaciones, una parecida a una salsa de tomate (rehogando los ingredientes) y otra más cercana a una mermelada (todos los ingredientes juntos en frío); yo hice la primera, agregando primero la cebolla, el tomate, la cayena y el laurel con un poquito de aceite y después, por este orden, el vinagre, la manzana, el azúcar, la sal y las especias, y hacerlo todo a fuego lento durante 1 hora o hasta que espese. Se retiran el laurel y la cayena, y se guarda en botes esterilizados que se dejan enfriar 1 día invertidos (para que el vinagre no oxide la mezcla o algo así).
La verdad es que yo no pude esperar y guardé un poquito para la comida de hoy, que han sido unas tostas de chapata untadas con el chutney y unas lascas de Afuega´l pitu, un quesito asturiano que con su sabor suave y un poquito ahumado quedaba riquísimo con el dulzón y especiado de la salsa. Un descubrimiento.
P.D. a 1 de julio...: edito este post para hacer justicia, y es que el vinagre me lo trajo con todo su cariño mi compi de piso, A., y no mi hermanita... Dicho queda.