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lunes, 7 de septiembre de 2009

Crema de setas y patata

Después de los homenajes gastronómicos del verano, sólo me apetecen cosas sencillas y ligeras, que ya llegará el otoño con sus guisotes y potajes. Empiezo la semana preparando una cremita templada de setas y patata, nada más fácil de preparar, y una manera muy rica de tomar una buena cantidad de verdura:
La preparación es bien sencilla. Los ingredientes, para dos personas: -2 puerros (lo blanco) -2 patatas medianas -2 puñados de champiñones o setas variadas (pueden ser congeladas) -(aproximadamente) 3 vasos de caldo de verduras o pollo, o de agua -sal, pimienta blanca, aceite de oliva -optativo: un chorrito de nata
Se rehogan en un poco de aceite el puerro picado y la patata cortada en rodajas; se añade el caldo o agua hasta que cubra holgadamente la verdura, se sala y se deja hervir a fuego medio durante unos 20 minutos más o menos. Se echan entonces las setas limpias y cortadas en trozos grandes, y se deja hervir unos 10 minutos más, o hasta que la patata y las setas se hayan hecho del todo. Se retira del fuego, se bate y se pasa por el pasapurés o el chino para eliminar las fibras que hayan quedado del puerro. Por último, se corrige de sal y pimienta. Una vez emplatado se puede adornar con un chorrito de nata, o también con cebollino, lascas de parmesano, etc. Yo hoy he optado por reservar un par de setas y saltearlas a fuego fuerte para ponerlas por encima.
Como estas cremas van muy bien con los quesos secos pero no tenía parmesano, he abierto para acompañar un pequeño queso de oveja que traje de Portugal; son muy típicos allí como aperitivo, curados o semicurados, con pimentón... siempre cortados en rodajas finas, como en la foto:
Cómo echo de menos un sitio en Madrid donde encontrar estas cosas con facilidad; en Barcelona tienen más suerte y cuentan con "A casa portuguesa". Hasta que aparezca algo así por aquí, tendremos que seguir cruzando de vez en cuando la frontera para encontrarlas :)

jueves, 3 de septiembre de 2009

De vacaciones en el huerto

Me encanta vivir en Madrid, pero... a veces el campo y la tierra tiran tanto que mis pobres experimentos con el maceto-huerto no me bastan. Pero tengo tanta suerte que cuando voy a ver a mi familia en Extremadura puedo darme un paseo por un huerto lleno de frutales y coger la fruta yo misma. Es maravilloso, sé que suena bucólico e infantil pero aquello hace que me sienta como Gerald Durrell en Corfú, rodeada por un rato de bichos y de comida a mi disposición en los árboles. ¿No son preciosos?:

Además de los higos, mis favoritos cuando voy allí, he podido traerme este pequeño "bodegón", del que apenas quedan ya restos:

Quien, acostumbrado a comprar la fruta en la ciudad, ha tenido alguna vez la posibilidad de probarla recién cogida, se da cuenta pronto de la enorme diferencia; a mí, desde luego, casi me dan ganas de ponerme a llorar de la emoción. Muchas veces nos preguntamos por qué la fruta ya no tiene sabor como cuando éramos pequeños, y desde luego los métodos de cultivo tienen mucho que ver, pero también el que la fruta se recoja a menudo verde, y que pasen muchos días hasta su consumición: en ese proceso se pierden propiedades y sabor.

Aprender todo esto me ha enseñado a fijarme más en el origen de los productos que compro (cuanto más cerca, mejor), y a dejar de valorar el tamaño (que nunca garantiza más calidad) o un aspecto inmaculado, y más otras cosas como el peso, el olor... o simplemente, intuición. Mmmm... todavía recuerdo el sabor de las ciruelas:

...el color precioso de las granadas, que aún deben esperar unas semanas para cogerse, pero ya lucen así:
O el de las manzanas, tan llenas que parece que van a explotar:
Vitaminas pa'l fin del verano!

Viaje a Portugal

No me puedo quejar, lo sé... primero Italia y ahora Portugal... aunque este último para mí es más una vuelta a casa que un viaje al extranjero, pero en cualquier caso me siento muy afortunada. Han sido apenas unos días en la costa lisboeta, pero han dado para darse un baño de lo más gélido en aguas del Atlántico y, de paso, saborear mis platos preferidos de allá: sopas, sopas, sopas... (caldo verde, con su rodajita de chorizo):

... y más sopas (de verduras, qué ricas les salen siempre!):

BACALAO! Ya sé que es muy obvio, pero es que esta receta, y preparada en el sitio adecuado, es nuestra favorita: "bacalhau com natas", una mezcla de bacalao desmigado, patata y una crema deliciosa hecha con nata, cebolla y no sé qué más, todo gratinado; lo pedimos siempre en el restaurante del estalagem "Muchaxo", al borde de la playa de Guincho:

"Amêijoas à bulhao pato", riquísimas, con cilantro y ajito:

Otro día cayó un arroz de marisco; mi hermana y yo siempre nos preguntamos por qué usan siempre el arroz largo, acostumbradas como estamos al arroz bomba español que suele ser mucho mejor para guisos; de todos modos les salen bien ricos, con un sabor muy intenso:

Como siempre, me quedo con las ganas de hablar y poner fotos de muchas otras cosas: el café, la rica pastelería... y también de probar y colgar las recetas, que tengo reunidas en un libro estupendo que me traje de allíi hace años. Ahí queda la promesa.

Si me gusta tanto Portugal es porque desde pequeña he ido con frecuencia y después pasé un año viviendo y estudiando allí. A mi vuelta, como a menudo mis amigos me pedían consejos y direcciones cuando viajaban a Lisboa, decidí escribir unas páginas como guía; os las dejo aquí en pdf por si a alguien le puede ser útil o interesante, pero tened en cuanta que muchos datos no están actualizados. Espero que os guste:

Guía de Lisboa

jueves, 20 de agosto de 2009

Viaje a Sicilia II: la comida

No puedo empezar mi relato sobre la comida siciliana si no es con una granita: no es un helado, no es un granizado... ni tampoco un sorbete... tiene una textura espectacular, como nieve, y sobre todo es imprescindible para sobrevivir al calor veraniego de allí: caía una cada pocas horas. Las típicas son de limón y café, pero había de muchas otras cosas: almendra, fresa, pistacho, ... ¡hasta de higo chumbo! la de la foto, la primera que probé al llegar, era de melón, de esos melones pequeños anaranjados que aquí es tan raro encontrar, muy rica:
En cuanto a la pasta, hay tres o cuatro recetas propias de la zona: la pasta alla Norma, con berenjenas y ricotta (cómo no!), con pez espada... yo os dejo una muestra de la pasta alle sarde, con sardinas, hinojo, piñones y pasas; tiene un sabor realmente peculiar, sobre todo por el sabor fresco y punzante del hinojo. Pensé con pena en lo poco que lo usamos aquí en España, a pesar de lo fácil que es encontrarlo en el campo; recuerdo a mi madre cuando yo era pequeña, señalándolo cuando lo encontrábamos y contándome lo rico que era, pero siempre hablaba de ello como de un alimento de otros tiempos. En Sicilia parecen haber conservado mucho mejor su cocina ancestral, que aun está presente en lo que se cocina actualmente:
Otra cosa que no hay que perderse en Sicilia es el pescado, siempre fresquísimo. Lo típico es el pez espada, pero también los calamares, el marisco... Exquisita la pasta con vongole (almejas) - una lástima que la foto no quedara bien - los mejillones, etc. Todo preparado normalmente con mucha sencillez: si la materia es buena hay que dejarla lucir, ¿no? Aquí, una grigliata de gamberoni acompañada de pesto de rúcola (espero estar escribiendo todo bien...):
Y por supuesto, la verdura... una cosa sorprendente es que, salvo contadas excepciones, en Italia puedes comer bien en cualquier sitio y a cualquier precio: esperando a que abrieran las bodegas de Marsala que íbamos a visitar, comimos en una especie de chiringuito que había enfrente, sin esperar demasiado. Nos soprendió: entre otras cosas, nos pusieron esta caponata, más cercana en realidad a un pisto que a la caponata de berenjenas que había probado ya, y con un punto ácido, de vinagre o limón:
... y esta pasta, con atún, tomatitos, alcaparras y hierbas:
Pero también queríamos probar una cocina más elaborada. En Ragusa, uno de los pueblos del Sur que más me gustaron, cenamos la Locandina; entre otras cosas, pedimos como entrante estas anchoas marinadas con naranja y ricotta salado, deliciosas:
Sin duda, una de las cosas más sorprendentes de Sicilia es el gelato con brioche; cuando lo leí antes de ir pensaba que era un mito, o algo exótico para impresionar a los turistas, pero al llegar comprobé que es completamente normal pedir el helado dentro de un bollo, en vez de en un vasito o un cucurucho, incluso en el caso de la granita. La verdad es que es una buena idea, porque al helado no llega el calor de la mano y aguanta mucho más sin derretirse; y, sobre todo, está muy rico... eso sí, hay que estar preparado, porque es una bomba; un estupendo y contundente desayuno (nos encantó ver a un grupo de jubilados desayunado su granita de limón con el brioche!). Yo opté por el chocolate, un poco excesivo, pero muy bueno:
Además de lo que comimos, fue estupendo poder ver los procesos de preparación de algunos productos. En Trapani, después de unos días de mala suerte con el alojamiento, nos dimos un homenaje y nos quedamos en el "agriturismo" Duca di Castelmonte; allí vimos estos preciosos secaderos de higos, fruta que por cierto nos sirvieron como postre de una cena espectacular, rebozados y con azúcar por encima... indescriptible:
Por último, un momento maravilloso del viaje: al salir de Grammichele, un pequeño pueblo del sureste, vimos en un portal un montón de piedras esparcidas; despertó nuestra curiosidad y me acerqué a ver, y resultaron ser almendras secándose al sol, allí, en mitad de una calle del pueblo... El señor, muy simpático, me dejó hacer una foto y me regaló tantas almendras como fui capaz de coger con las dos manos; salí tan contenta que no me cabía la sonrisa en la cara:
Y éste es el resumen de nuestro viaje... quedan muchas otras cosas en el recuerdo: la cassata, los involtini de pez espada, el café maroquino, la pizza de bressaola y rúcola... ¡ay!

miércoles, 19 de agosto de 2009

Viaje a Sicilia I: Mercados de Palermo

Recién llegada de Sicilia, aun estoy algo conmocionada por el calor, pero también por todas las cosas que hemos visto (¡y comido!); ha sido un viaje maravilloso de 10 días por el oeste y sur de la isla, que me gustaría contar con más detalles más adelante. De momento, y ya que este blog va de comida, publicaré un par de entradas sobre todo lo que hemos probado por allí.
La de hoy es sobre los mercados callejeros, especialmente los de Palermo: de la Vucciria, de lo Capo y de Ballaró. Éste último ha sido mi favorito, por su extensión (es el más grande de los 3) y por la variedad de las cosas que había allí. Es sorprendente, me faltaría tiempo y blog para contar todas mis impresiones, pero os dejo un pequeño resumen fotográfico:
A mí me pareció un pequeño paraiso para todos aquellos a los que les gusta cocinar; tenía que pararme en cada puesto para ver todos los tipos de berenjenas y calabacines que había y que nunca había visto, todas las clases de tomates frescos y secos, aceitunas, especias, quesos, salazones de pescado... y me dio pena no tener una cocina y tiempo suficiente para preparar algo con todo eso. En el primer plano de la foto del mercado, plantas enteras de calabaza o calabacín; nos preguntábamos para qué las vendían, si era por las flores o qué. Nos lo explicaron en un italiano más que cerrado, y nos pareció entender que se hervían, aunque no sabemos si en un guiso, o de qué manera...
Y por supuesto, PAN: el pan siciliano se hace con sémola de trigo duro, como la pasta, lo que le da un color amarillento y una textura diferente a la de los panes blancos de aquí. Tienen varias formas y texturas: más secos, de tipo brioche... pero casi siempre bien cubiertos de sésamo:
Y para acompañar el pan, nada como los quesos: por todas partes, ricotta, ricotta, ricotta...: fresco, en crema, salado... El queso ricotta es una de las bases de la cocina siciliana: Además de ser el relleno de los dulces típicos de Sicilia, los cannoli y la cassata, estaba en muchos platos de pasta, pescado, etc. En la foto, cubierto de pimienta negra. Y además, caciocavallo, queso con pistachos, burrata...
Las frutas eran una maravilla, no tenían el tamaño ni el aspecto inmaculado de las frutas que solemos comprar por aquí, pero ¡tenían sabor!. Espectaculares los higos, omnipresentes en toda la isla como los higos chumbos o el melón amarillo, que vendían en camiones en muchas carreteras, pero también otras cosas. A mí me llamaron la atención unas pequeñísimas ciruelas ovaladas, que al principio confundí con uvas:
"Fast food" a la siciliana: además de los arancine y otras cosas que se encontraban en puestos de comida callejera, los propios puestos de verdura vendían sus productos ya hervidos, como patatas o maíz:
Los caracoles... reconozco que no es algo que a mí me encante, pero me sorprendió mucho cómo los vendían:
Otra de mis confusiones: de lejos nos preguntábamos si eran cerezas o tomates pequeños. Al llegar comprobamos que eran pimientos: picantes, según nos contaron:
Me quedo con las ganas de colgar muchas fotos más, esto es apenas una pequeña parte de todo lo que te podías encontrar... en la próxima hablaré de la comida que probamos en los restaurantes. la pasta, el pescado, los dulces... ay, ¡es casi doloroso recordarlo, ahora que me queda tan lejos!
Por último, os dejo dos links interesantes sobre los viajes a Sicilia de otras dos blogueras, el de Sol de Cocina de Mercado, y el de A mi lo que me gusta es cocinar.