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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Patatas con salvia

Hoy es uno de los días en los que más me ha costado hacer la foto antes de comerme el plato: he conseguido salvia, una de mis hierbas favoritas, algo difícil de encontrar fresca, y me he animado a hacer estas patatas al horno con salvia para acompañar la carne:
La primera vez que probé la salvia fue en un viaje a Italia, hace mucho tiempo; fue en Lucca, una pequeña y preciosa ciudad cercana a Pisa, donde nos pusieron precisamente unas patatas guisadas con hojas de salvia, deliciosas. También es típico usarla para acompañar pastas rellenas como los ravioli, preparando una salsa con mantequilla y hojas de salvia que seguramente me animaré a hacer pronto.
Las receta de las patatas de hoy es muy sencilla, y es necesario, para 2 personas:
-2 patatas grandes
-1 puñadito de hojas de salvia fresca, bien lavadas
-1/2 limón
-sal, aceite de oliva
Las patatas se cortan en rodajas de unos 3-4 mm. de espesor y se reparten en una fuente de horno. En el mortero se prepara un majado con las hojas de salvia, la sal, un chorrito de aceite, zumo y ralladura de limón (la salvia tiene un sabor fuerte si no estamos habituados, así que es mejor echar de menos que de más). Se untan bien las patatas con el majado y se ponen a horno medio (unos 180º-200º) durante unos 25 o 30 minutos, o hasta que estén hechas al gusto.
Lo mejor del asunto es cómo he conseguido la salvia, y ha sido una feliz casualidad: esta mañana he ido a hacer papeleo a las afueras de Madrid, y qué sorpresa me he llevado cuando, en medio de una zona ajardinada, he encontrado unas matas que crecían como si fueran cardos. He dudado antes de cogerla, pero recordé un documental bastante peculiar en el que un botánico contaba qué especies eran comestibles en Central Park, en Nueva York; cuando le preguntaban si no sería insano comer algo que crecía en un parque urbano, él decía que cualquier pesticida es peor que lo que pudieran tener esas plantas, así que le hecho caso... y aquí está.

martes, 8 de septiembre de 2009

Pan de sémola 100%

¡Qué ganas tenía de hacer pan! Sobre todo, para probar la sémola que me había traido de Sicilia. Y aquí está; un pan bastante dulce, un poco más seco de lo que aparenta en la foto, sobre todo porque tardó mucho en coger color y estuvo en el horno más tiempo del esperado; en cualquier caso, muy rico:
Ha sido más fácil de lo que pensaba, aunque se notaba mucho la diferencia con una harina normal en el amasado: la textura era completamente distinta, más... ¿arenosa? Intenté reproducir la forma de las barras de allí, sin greñado y algo irregulares, y creo que no me ha salido del todo mal:

Para dos barras pequeñas, utilicé:

-150 gr. de masa madre blanqueada -425 gr. de sémola de trigo duro -275 gr. de agua -1 cucharadita de sal -sésamo para cubrir

Lo demás, como siempre: mezclado de harina, agua y masa madre, media hora de autólisis, amasado, 3 horas de fermentación y una más tras el formado de las barras. Creció mucho, sobre todo en el primer levado y en el horno, en el que, como ya dije, estuvo más tiempo de lo habitual (unos 15 minutos a 250º y aproximadamente otros 35 o 40 a 200-220º, más o menos) porque la corteza se tostaba muy lentamente.

Lo que más me ha sorprendido es que, pese a ser una masa bastante hidratada, fue muy fácil amasarla, muy pronto empezó a despegarse. ¡Me ha encantado! Tengo muchas ganas de probar a hacer pasta fresca con ella, algo que siempre me ha parecido muy difícil.

Y aquí, los dos kilos de sémola que traje de Sicilia, y que milagroamente pasaron el control en el aeropuerto. Como se puede leer, "per pane tradizionale, pasta fresca e pizze".

lunes, 7 de septiembre de 2009

Crema de setas y patata

Después de los homenajes gastronómicos del verano, sólo me apetecen cosas sencillas y ligeras, que ya llegará el otoño con sus guisotes y potajes. Empiezo la semana preparando una cremita templada de setas y patata, nada más fácil de preparar, y una manera muy rica de tomar una buena cantidad de verdura:
La preparación es bien sencilla. Los ingredientes, para dos personas: -2 puerros (lo blanco) -2 patatas medianas -2 puñados de champiñones o setas variadas (pueden ser congeladas) -(aproximadamente) 3 vasos de caldo de verduras o pollo, o de agua -sal, pimienta blanca, aceite de oliva -optativo: un chorrito de nata
Se rehogan en un poco de aceite el puerro picado y la patata cortada en rodajas; se añade el caldo o agua hasta que cubra holgadamente la verdura, se sala y se deja hervir a fuego medio durante unos 20 minutos más o menos. Se echan entonces las setas limpias y cortadas en trozos grandes, y se deja hervir unos 10 minutos más, o hasta que la patata y las setas se hayan hecho del todo. Se retira del fuego, se bate y se pasa por el pasapurés o el chino para eliminar las fibras que hayan quedado del puerro. Por último, se corrige de sal y pimienta. Una vez emplatado se puede adornar con un chorrito de nata, o también con cebollino, lascas de parmesano, etc. Yo hoy he optado por reservar un par de setas y saltearlas a fuego fuerte para ponerlas por encima.
Como estas cremas van muy bien con los quesos secos pero no tenía parmesano, he abierto para acompañar un pequeño queso de oveja que traje de Portugal; son muy típicos allí como aperitivo, curados o semicurados, con pimentón... siempre cortados en rodajas finas, como en la foto:
Cómo echo de menos un sitio en Madrid donde encontrar estas cosas con facilidad; en Barcelona tienen más suerte y cuentan con "A casa portuguesa". Hasta que aparezca algo así por aquí, tendremos que seguir cruzando de vez en cuando la frontera para encontrarlas :)

jueves, 3 de septiembre de 2009

De vacaciones en el huerto

Me encanta vivir en Madrid, pero... a veces el campo y la tierra tiran tanto que mis pobres experimentos con el maceto-huerto no me bastan. Pero tengo tanta suerte que cuando voy a ver a mi familia en Extremadura puedo darme un paseo por un huerto lleno de frutales y coger la fruta yo misma. Es maravilloso, sé que suena bucólico e infantil pero aquello hace que me sienta como Gerald Durrell en Corfú, rodeada por un rato de bichos y de comida a mi disposición en los árboles. ¿No son preciosos?:

Además de los higos, mis favoritos cuando voy allí, he podido traerme este pequeño "bodegón", del que apenas quedan ya restos:

Quien, acostumbrado a comprar la fruta en la ciudad, ha tenido alguna vez la posibilidad de probarla recién cogida, se da cuenta pronto de la enorme diferencia; a mí, desde luego, casi me dan ganas de ponerme a llorar de la emoción. Muchas veces nos preguntamos por qué la fruta ya no tiene sabor como cuando éramos pequeños, y desde luego los métodos de cultivo tienen mucho que ver, pero también el que la fruta se recoja a menudo verde, y que pasen muchos días hasta su consumición: en ese proceso se pierden propiedades y sabor.

Aprender todo esto me ha enseñado a fijarme más en el origen de los productos que compro (cuanto más cerca, mejor), y a dejar de valorar el tamaño (que nunca garantiza más calidad) o un aspecto inmaculado, y más otras cosas como el peso, el olor... o simplemente, intuición. Mmmm... todavía recuerdo el sabor de las ciruelas:

...el color precioso de las granadas, que aún deben esperar unas semanas para cogerse, pero ya lucen así:
O el de las manzanas, tan llenas que parece que van a explotar:
Vitaminas pa'l fin del verano!

Viaje a Portugal

No me puedo quejar, lo sé... primero Italia y ahora Portugal... aunque este último para mí es más una vuelta a casa que un viaje al extranjero, pero en cualquier caso me siento muy afortunada. Han sido apenas unos días en la costa lisboeta, pero han dado para darse un baño de lo más gélido en aguas del Atlántico y, de paso, saborear mis platos preferidos de allá: sopas, sopas, sopas... (caldo verde, con su rodajita de chorizo):

... y más sopas (de verduras, qué ricas les salen siempre!):

BACALAO! Ya sé que es muy obvio, pero es que esta receta, y preparada en el sitio adecuado, es nuestra favorita: "bacalhau com natas", una mezcla de bacalao desmigado, patata y una crema deliciosa hecha con nata, cebolla y no sé qué más, todo gratinado; lo pedimos siempre en el restaurante del estalagem "Muchaxo", al borde de la playa de Guincho:

"Amêijoas à bulhao pato", riquísimas, con cilantro y ajito:

Otro día cayó un arroz de marisco; mi hermana y yo siempre nos preguntamos por qué usan siempre el arroz largo, acostumbradas como estamos al arroz bomba español que suele ser mucho mejor para guisos; de todos modos les salen bien ricos, con un sabor muy intenso:

Como siempre, me quedo con las ganas de hablar y poner fotos de muchas otras cosas: el café, la rica pastelería... y también de probar y colgar las recetas, que tengo reunidas en un libro estupendo que me traje de allíi hace años. Ahí queda la promesa.

Si me gusta tanto Portugal es porque desde pequeña he ido con frecuencia y después pasé un año viviendo y estudiando allí. A mi vuelta, como a menudo mis amigos me pedían consejos y direcciones cuando viajaban a Lisboa, decidí escribir unas páginas como guía; os las dejo aquí en pdf por si a alguien le puede ser útil o interesante, pero tened en cuanta que muchos datos no están actualizados. Espero que os guste:

Guía de Lisboa