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lunes, 4 de julio de 2011

Picnic doméstico, y un momento cascarrabias

Como ya decía el otro día, en días calurosos nada mejor que llegar a casa y tener la comidita preparada, o casi, en la nevera. Cuando además la comida es un regalo, mucho mejor: en este "picnic" casero, que comimos hace ya unos días, la protagonista era la salsa brava de las patatas, obra - una vez más - de la madre de M.A. La comida: un gazpacho, jamoncito, pan casero... y las bravas. Con ellas además me curé de la envidia que me dio esta entrada de Audaciosus, en la que aborda el espinoso tema de las bravas auténticas ( y además, da la receta!).  
Hoy yo no tengo receta; nuestra única aportación al plato fue cortar y freir las patatas como debe ser, lo cual debe ser más difícil de lo que parece, visto lo visto en nuestras últimas incursiones en varios bares madrileños para curarnos las ganas de unas buenas bravas; una observación que me sirve como excusa para comentar en el blog algo que suelo hablar muchas veces con amigos y, sobre todo, con M.A.: la pérdida de muchas de las cosas buenas de los bares y restaurantes de Madrid, en contraste con ese afán "modernizante" y "diseñil" de muchos establecimientos de la capital. Resumiendo, y para quien no sepa de qué hablo, lo que sucede es que cuanto más caros y modernos son muestros bares, en general peor se come y se bebe en ellos (salvo excepciones, claro, que las hay, y muy buenas).
Últimamente no salgo tanto como antes, pero precisamente por eso cuando salgo quiero disfrutar realmente lo que pido, y reconozco que muchas veces salgo mosqueada de los sitios. Así que, aprovechando que tengo donde contarlo, y como conocedora de muchos bares, restaurantes y demás (y aun a riesgo de que se note que cada vez estoy más abuela cascarrabias) aquí les dejo unas humildes recomendaciones a los señores hosteleros del país, y sobre todo, a los de Madrid:

Por empezar con lo ya dicho, las raciones de toda la vida
Lo primero, y a petición de M.A., he de contar lo difícil que resulta encontrar hoy en día bravas y otros muchos platos sencillos y muy ricos de nuestra gastronomía, y sobre todo bien hechos, entre las raciones y menús de los bares madrileños, desplazadas por toda clase de raciones modernas (y escasas) sepultadas bajo litros de reducciones, mermeladas y otros adornos; lo peor es que, además, las innovaciones no suelen ser originales: cuando algo se pone de moda acaba estando en todas las cartas de la ciudad. Por otra parte, y para aquellos que aún las sirven: señores hosteleros, por favor, las bravas se fríen poco antes de comerlas, no varios días antes. ¡Las patatas congeladas o recalentadas no valen! Lo de la fórmula auténtica de la salsa no lo puedo discutir por desconocimiento, pero seguro que no tiene nada que ver con esa especie de ketchup picante que se suele comer.

El café
No voy a pedir que el café en Madrid tenga la calidad del italiano ni el precio del portugués, pero que cualquier café mediocre en el centro te cueste de media 2 euros clama al cielo. Otra cosa que no entiendo, y que ya me ha pasado muchas veces, es salir por la noche después de cenar, llegar a una cafetería abierta (no a un club o a una coctelería, a una cafetería), pedir un café y que me digan que ya han apagado la máquina y que ya sólo ponen copas. ¿Y si lo que me apetece, aunque ya sean las 12, es un café? ¡Grrrrrr!!! ¿Cómo puede ser que una ciudad que presume de estar siempre en marcha tenga tantas restricciones de horarios? (Lo mismo con los desayunos que te ponen sólo hasta las 12, incluso los domingos, o los turnos tan rígidos de algunos restaurantes para cenar los fines de semana... incomprensible).

El pan.
No soy la primera en decirlo: casi cualquier restaurante, del precio y calidad que sea, y por mucho que cuide otros productos o la presentación, suele servir mal pan. Incluso productos de calidad, como los buenos quesos, suelen venir acompañados por un pan horrible.

El vino.
Los vinos, he de reconocerlo, han mejorado bastante últimamente en muchos establecimientos; no sé si será por moda, pero por suerte cada vez se ven más vinos de zonas diferentes a las más comunes, cartas que cambian con frecuencia y recomiendan vinos nuevos y desconocidos, etc. ¿Lo malo? Por supuesto, el incremento del precio, aunque eso es comprensible en muchos casos; lo que no me gusta, aunque sé que para mucha gente no tiene importancia, es cómo se sirve. Me explico: a mí me gustan los bares "normales", de barrio, en los que vas, pides un vino a secas, te ponen tu chato o tu copita con las aceitunas y te quedas tan contenta; pero (llamdme exigente, repelente o lo que queráis) si alguna vez vas a un sitio que se las da de lugar selecto (vinotecas etc), donde eliges un vino determinado que suele costar una pasta, aunque merecida, te lo tienen que llevar en la botella y servirlo en la mesa, y no siempre es así. Tampoco lo ponen siempre a la temperatura adecuada.

Los postres.
Aquí hay para rato... por ejemplo, un clásico: Ves en el menú "natillas caseras". Preguntas ¿son caseras-caseras de verdad las natillas? Responde el camarero: Sí, por supuesto. Y a continuación te ponen unas danone volcadas en un cuenco y disfrazadas con un buen viaje de canela. Grrrrr de nuevo. O la saturación de brownies, cheesecakes, coulants de chocolate y tiramisús de diverso pelaje en todas las cartas: que sí, que son todos postres muy ricos, y que no siempre iba a ser todo helado, yogur y flan, pero un poquito de variedad no vendría mal, ¿no? :)

Podría seguir... con los encontronazos que he tenido a veces con algunos camareros defendiendo lo indefendible (y el mal humor de muchos de ellos), con la terrible iniciativa de algunos restaurantes de mi barrio de cobrarte el agua del grifo (que por suerte parece no haber tenido mucho éxito), con la estupidez de algunas reformas suuuper-modernas (y esto ya lo digo como arquitecta, ¿es que mis colegas, cuando los diseñan, no se da cuenta de lo mal que funcionan acústicamente la mayoría de los locales, o la cantidad de bombillas que sobran en ellos?), y tantas otras cosas.

También podría citar muchos sitios en los que sucede todo lo contrario, como los que he ido recomendando en el blog y otros que iré poniendo: sitios sencillos con una cocina simple pero bien hecha, otros más caros pero en los que todo está tan rico y cuidado que merece la pena cada céntimo gastado, otros en los que siempre te atienden con una sonrisa y que sabes que siempre te recomiendan lo mejor que han preparado ese día... por suerte todavía quedan establecimientos estupendos y muy diferentes, algunos de toda la vida y otros proyectos nuevos llenos de ganas de hacer algo bueno.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Qué echáis de menos en los restaurantes de vuestra ciudad, o qué os gustaría que cambiara?

5 comentarios:

  1. Pues sólo me queda aplaudirte, porque estoy totalmente de acuerdo contigo en todo. Además me he sentido identificada en casi todo lo que comentas. Qué rabia da salir, haciendo un esfuerzo económico en muchos casos, y terminar mosqueada por culpa de la falta de interés y la incompetencia de ciertos profesionales. Me fastidia especialmente el tema del café, pan y postres. Y añado mi circunstancia personal de ser intolerante a la lactosa, que me hace dificilísimo poder disfrutar de una comida normal en muchos sitios. Los restaurantes supuestamente "auténticos" italianos que sólo saben hacer pasta con nata y quesos de calidad dudosa (la mozarella auténtica sí la digiero bien, la cutre no, por ejemplo, y se ve demasiado). Por no hablar de las poquísimas cafeterías donde tienen alguna leche que no lleve lactosa...

    En fin, menos mal que aún quedan sitios donde es un placer volver.

    Un abrazo

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  2. ja, ja... espinosas las patatas?? lo que es espinoso es el rostro que le ponen los tíos de los restaurantes y encima que no te liguen los municipales a la salida y te hagan soplar... pan, entrantes, raciones tipo micro pene, precio del vino... a mí me venden el pintia a diecinueve palos la botella, en mi restaurante de referencia para llevar gente de curro, me soplan 46... el año pasado eran 40... jodéee!! ellos se están labrando el terreno donde los enterraremos... y terminaremos todos cenando en casa y haciendo botellón en la acera con los vecinos de enfrente y con los camareros en paro de tanto cutre resto de diseny bss

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  3. Hola!
    Akane, mil gracias por tu comentario! Sí, a mi también me ha pasado con frecuencia últimamente lo de salir mosqueada y con la sensación de timo, por eso mismo me animé a escribirlo (es lo bueno del blog, escribes lo que quieres y te puedes desahogar, ¿no?). Lo de la lactosa debe ser un problema, aunque últimamente me ha soprprendido ver un par de cafeterías que tenían leche de otras clases (soja, sin lactosa...). Eso es un pequeño avance, a ver si prospera.

    Au, me parece que podríamos estar una tarde entera sólo quejándonos de esto... y eso que no he hablado de cuando he viajado a otras ciudades, que tengo por ahí un par de espinitas clavadas... Lo del Pintia es tremendo, pero es que no es lo único, tienes razón, estaría bien ver a la gente haciendo botellón con sus vinos buenos, ja ja! Yo lo que sí me estoy planteando es lo de ir alguna vez con mi botellita y que me la abran en el restaurante, antes me daba vergüenza pero ahora...
    B*

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  4. Suscribo todas y cada una de tus palabras, a veces nos sablean pero con ganas, qué poco amor por el trabajo bien hecho, a veces.
    Saludos.

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  5. Hola Miren, tienes razón, a veces se ven tan poquitas ganas de hacer las cosas bien hechas... me llama mucho la atención que la gente ponga tanto interés en sus blogs, de los que normalmente no sacas nada más que satisfacción personal, y que quienes se dedican a eso profesionalmente sean tan descuidados. Pero bueno, lo dicho, a cambio hay unos pocos sitios que merecen la pena.

    B*

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